¿El Desarrollo causa la Felicidad,  o la Felicidad causa el Desarrollo?

Charles Kenny*

Traducción realizada por Eva Torre

Supervisión realizada por Beatriz Miralles

La felicidad y no-felicidad del animal racional, social, dependen no
de lo que siente sino de lo que hace; así como su virtud y vicio
consisten no en sentir sino en hacer.

Marcus Aurelius, Meditations, ix, 16

No hay nada ideado aún por el hombre que cause  tanta felicidad
como la que produce una buena taberna o posada.

Boswell, Life of Johnson, vol vi, chap iii

I. INTRODUCCIÓN

Las dos citas de arriba sugieren ideas alternativas sobre las fuentes de la felicidad. La primera (escrita sobre el año 180 a.C.) es una idea aristotélica. La felicidad es un modo de vida, no un estado. La segunda cita (escrita 1500 años después) sugiere una idea de las fuentes de la felicidad quizá más parecida a la manera en que tendemos a verla hoy en día. La felicidad conlleva todo lo agradable, la cordialidad, comida (y quizá algo de cerveza). De cualquier manera, ninguna visión enfatiza la importancia de la riqueza más allá de los sueños de Croesus o Bill Gates. Además, el hecho de que la felicidad y el placer hayan sido tema de discusión desde el comienzo de la filosofía occidental indica que no son necesarios para la felicidad altos niveles de ingresos nacionales.

Sin embargo, en gran parte de la bibliografía existente sobre desarrollo económico se llega a la conclusión de que unos ingresos mayores no tienen por qué conducir a una mayor utilidad. Si una economía crece, los bienes producidos en esa mayor economía satisfarán unas condiciones sobre una curva de indiferencia mayor que la obtenida con los bienes anteriormente producidos. La asunción de que los consumidores obtienen una mayor utilidad al estar en una curva de indiferencia mayor es algo fundamental en Economía y durante mucho tiempo ha sido un punto común en el espectro teórico. Smith precede la terminología usada arriba, pero para él,

'la felicidad de la humanidad parece haber sido el propósito original pretendido por el Autor de la naturaleza'  (Smith 1982, p. 166),

y esta felicidad se fomenta mediante la riqueza de las naciones. Más bienes y más posibilidades entre estos bienes conducen a una mayor utilidad, entonces, si la utilidad es

'el placer o satisfacción que un individuo obtiene por estar en una situación particular o consumir determinados bienes o servicios' (Bannock, Baxter and Davis 1987, p. 414),

 término para el que uno podría etiquetar una particular forma de felicidad.

Basándonos y profundizando en los trabajos de Dusenberry (1949), Mishan (1967), Easterlin (1974), Veenhoven (1995) y Hudson (1996), entre otros, argumentaré que la utilidad marginal de los ingresos absolutos (como oposición a los relativos) es mucho menos significativa de lo que se presume en ocasiones, especialmente en países ricos. Dicho de otro modo, hay un descenso rápido de la utilidad al aumentar la expansión de la frontera de las posibilidades de producción, lo cual se puede explicar mediante un nuevo examen de las causas de la felicidad en general, tomando algunas lecciones de una concepción de la felicidad (al menos en parte) de Smith, Mill y Bentham. Esta concepción también sugiere que la felicidad puede ser incluso una causa, más que un indicio del desarrollo económico. Mediante datos obtenidos de una encuesta de los países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) sobre los últimos cuarenta años, se argumenta que, si hay relación entre desarrollo y felicidad, parece probable que se vaya de la felicidad al desarrollo, pero no viceversa. El trabajo concluye advirtiendo posibles  consecuencias teóricas y políticas de todo esto.

II. TEORÍA

Todo el mundo reconoce que el producto nacional bruto per cápita está lejos de ser una medida lineal perfecta de la utilidad per cápita o de la felicidad per cápita. En primer lugar, hay bienes y servicios claramente incluidos en las cuentas nacionales –producción del gobierno, por ejemplo- cuyo valor desconocemos respecto a los consumidores. También hay bienes y servicios claramente no captados en las cuentas nacionales –como el trabajo del hogar - y cosas que la gente quiere (expectativa de vida o un medio ambiente limpio por ejemplo) para lo que el producto nacional bruto per cápita es, como mucho, un poder imperfecto. Comparemos Mozambique, China y Estados Unidos: por ese orden, el producto nacional bruto per cápita de los países en 1992 era  de 80, 470 y 24.740 dólares; la mortalidad infantil era 145,6, 30,5 y 8,6 cada 1.000 nacimientos vivos, respectivamente; la esperanza de vida era de 47, 69 y 76 años. Así, existiendo un 1,6% de distancia entre Mozambique y los Estados Unidos en términos de riqueza, alcanzando a los ingresos de China, tenemos un 84% de distancia en términos de mortalidad infantil y un 76 % de la distancia respecto a la esperanza de vida.

En el caso de las condiciones externas negativas, como la polución, la relación entre ingresos y desarrollo puede ser incluso negativa (como expuso Mishan en 1967, p. 19: “traer el Jerusalén del desarrollo económico a la verde y agradable tierra inglesa ha reducido en mucho tanto lo verde como lo agradable”). Con la interdependencia de nuestras vidas aumenta la importancia de estas condiciones externas (Abramovitz 1958, p. 11). Hasta el punto de que para aumentar los ingresos de todo se requiere un proceso de modernización social, política y cultural y también es probable que gran parte de la sociedad encuentre este proceso más doloroso que los efectos paliativos del aumento de riqueza (McMylor 1994).  El tema de la modernización enlaza con un argumento teórico contra una simple conexión entre desarrollo y bienestar. Si el desarrollo cambia los valores, alterando las curvas de la indiferencia, es imposible decir a priori si seremos más felices antes o después del desarrollo. Como ejemplo, existen actitudes hacia el cambio de consumo a medida que crece la economía - Abramovitz menciona una tendencia creciente respecto a basar el valor en el precio y un mayor énfasis en la conformidad con el gusto del grupo (1958, p. 19).

Esto se relaciona con una cuestión sobre la naturaleza de la utilidad, que ha servido de debate a los economistas sobre si era una medida de satisfacción o de deseo (Sen 1995, p. 13). En lo racional, al maximizar la utilidad, el individuo sabe sin duda lo que le satisfará y de este modo el deseo y la satisfacción se pueden intercambiar. Sin embargo, aquí podría haber un gran problema: las curvas de la indiferencia, tal y como han sido reveladas, son sin duda una medida de deseo, no de satisfacción. Esto es, quizá, una razón por la que al aumentar estas curvas de indiferencia puede que no se incremente la utilidad. Si el consumidor no es un maximizador de la utilidad racional con un perfecto conocimiento, no necesariamente incrementará su utilidad por el salto a una curva de indiferencia mayor basada en el deseo, como el Rey Midas, quien debía sufrir de un falso autoconocimiento de lo que incrementaría su satisfacción.

Además, dado que la elección no es gratuita, elegir entre detalles abundantes pero similares puede provocar grandes costes en producción pero pocos beneficios en términos de consumo. El consumo también necesita su tiempo y añadir más bienes, si no hay tiempo para disfrutarlos, debe ser inútil. (Linder 1970, p. 8).   Como el factor limitante es el tiempo, más que los ingresos, es probable que para nuestra satisfacción tenga más importancia cómo nos ganamos la vida antes que lo que ganamos (Abramovitz 1958).  Una queja relacionada en contra del producto nacional bruto per cápita es que es una medida de la utilidad de un país proporcionada por los ingresos; debe asumirse que, en el margen, un incremento en los ingresos será valorado de la misma manera por toda la gente. Dentro de un país donde hay disparidad de ingresos, esto será problablemente falso (el pobre podría apreciar más que el rico un dólar extra para gastar). Entre los distintos países, como por ejemplo entre Mozambique (con un producto nacional bruto per cápita de 80 dólares), y Estados Unidos (con un producto nacional bruto per cápita de 24.740 dólares) tal suposición sería absurda (datos del Banco Mundial 1996) [1] .  Finalmente, los economistas han discutido durante mucho tiempo la hipótesis de los ingresos relativos, que lo que le ocurre a un individuo en un país rico podría ser su riqueza relativa pero no su riqueza absoluta (Pigou 1912, Dusenberry 1949, Easterlin 1974, Ng and Wang 1991).  Esto es en parte porque hay algunas cosas que requieren unos altos ingresos relativos para ser compradas. Sólo los ricos serán capaces de permitirse sirvientes, por ejemplo (Hirsch 1978) y ninguna cantidad de ingresos absolutos nos hará desembarcar a todos a orillas del lago Woebegone.

Pese a todos estos problemas, se acepta generalmente, al menos desde Adam Smith, que la mayor riqueza nacional es el mayor bien nacional. Aunque la desigualdad es un factor que complica, Deininger and Squire (1996) afirman que cambia muy despacio en el tiempo. La hipótesis de Kuznets de que el desarrollo puede llevar a una mayor desigualdad parece haberse sobre valorado. Por tanto, el desarrollo nacional, es probable que aumente los ingresos de todos, al menos hasta cierto punto. Existe también la probabilidad de un disminuyente provecho marginal de los ingresos, pero es casi seguro que nunca será negativo (incluido el  provecho de los ingresos marginales además de condiciones externas asociadas).

 Por lo tanto, el desarrollo incrementaría en general la felicidad en conjunto, proporcionando más bienes y mayores opciones entre los bienes. Además, Pritchett y Summers (1996) han confirmado exhaustivamente la sabiduría convencional de que existe una relación positiva causal entre ingresos y salud. Pigou (1912, p. 11) hizo una lista sobre la mayoría de grandes argumentos en contra de la estrecha relación entre felicidad y desarrollo y concluía que

'no se puede mantener seriamente que un incremento en (ingresos absolutos) no añada nada a las satisfacciones que constituyen el bienestar económico',

Conclusión que probablemente aceptaría la mayoría de los economistas.

La idea de que la elección entre la abundancia es fundamental para la felicidad tiene una garantía distinguida. De cualquier manera, muchos padres del pensamiento y el bienestar económicos (un contenido versado en el utilitarismo) tenían una visión de la utilidad que sugería ciertos límites hasta el punto en que los ingresos pudieran crear felicidad. Por ejemplo, incluso Adam Smith parecía aceptar que había un punto en el que unos mayores ingresos no tenían uso. Él argumentaba que las grandes parcelas no eran suficientes porque el gran propietario podía no tener  necesidad real o deseo de más dinero (y entonces no mejoraría la tierra) (Smith 1910, libro 11 capítulo 11).  Mill implícitamente negaba la importancia de los ingresos argumentando que la libertad es el modo más seguro hacia los mayores bienes. Si la libertad más importante  es aquella en relación con otros hombres, los límites 'naturales' de acción son una causa relativamente poco importante de una mejorable preocupación. Entonces la falta de tecnología o de riqueza nacional importa de lejos más que la libertad de los otros.

Sin embargo Smith y los partidarios del Utilitarismo  pensaban que los ingresos relativos eran y seguirían siendo importantes de todos modos. Esto no se debía sólo, ni principalmente al hecho de que ellos apoyaran los modernos argumentos comunes para la hipótesis de los ingresos relativos, o consideraran que los pobres tienen una utilidad marginal más alta  de ingresos porque tienen un menor consumo de bienes. Los ingresos relativos jugaban un importante papel en la felicidad porque permitirían a los pobres ser activos en la sociedad. En Libertad, Mill afirma que hay un papel importante para la intervención del gobierno para proteger a los pobres porque no hay localidad que tenga el derecho 'a convertirse en un nido de pauperismo por la mala administración, perjudicando la condición moral y física de toda la comunidad trabajadora' (Mill 1980, p. 140).

Por la misma razón, tanto Smith como Bentham apoyan un salario mínimo, un puesto relativo a otros ingresos, que permitiría a los pobres preservar su decencia en la sociedad (Rothschild 1995, p. 336  y  Stabile 1996, p. 689).

La importancia para la felicidad de preservar la decencia en la sociedad – y permitir por tanto a los pobres tomar un rol activo en la sociedad – se centró en la idea de que la felicidad y la actividad virtuosa estaban íntimamente relacionadas . Tanto Smith como la mayoría de los partidarios del Utilitarismo veían una conexión significativa entre el comportamiento moral y la felicidad. Por ejemplo, Mill opina que hay placeres más y menos  valorables y que ningún hombre sensible es egoísta o vil –más aún, la educación debería usarse para asegurar que los hombres aceptan el enlace entre sus propios bienes y los de la sociedad (Stabile 1696, p. 690). Más recientemente, Bertrand Russell, escribiendo La conquista de la felicidad (1930) afirmó que:

'Yo he escrito en este libro como un hedonista,  es decir,  como uno que considera la felicidad como el bien, pero los actos recomendados desde el punto de vista del hedonista son totalmente los mismos para ser recomendados por el sensato moralista'

A pesar de sostener la medida del mayor placer por el mayor número, Mill y otros partidarios del Utilitarismo reconocieron la importancia de facilitar la interacción social que ocurre en parte a través de la igualdad de ingresos y Smith, al menos, reconoció explícitamente que había un límite a los ingresos que podría crear mayor felicidad. De hecho, este pensador no abandonó la idea de las fuentes del placer que tuvo una inclinación decididamente aristotélica. Mientras Aristóteles sostenía eudaimonia (hacerlo bien) antes que el placer como ingreso absoluto y veía a los individuos como sin juicio sobre su propia felicidad (Kenny 1992), él también desaprobaba el exceso (Aristóteles 1980), veía el placer y la actividad virtuosa como inseparablemente ligada y veía a un ciudadano feliz como un ciudadano moral (Aristóteles 1962). Entonces, el enlace entre hacerlo bien y sentirse bien ha sobrevivido en el tiempo. Más recientemente, por supuesto, una variante ha visto un renacimiento entre economistas liderados por Amartya Sen (1980, 1985, 1992), aunque Sen viaja más allá hacia una definición aristotélica de la mayoría de los partidarios del Utilitarismo [2] . De hecho, no hay un extenso cuerpo de literatura en economía que haya intentado modelar los efectos de los conceptos relacionados tales como 'simpatía extendida' en modelos de bienestar económico (Dagum 1990).

La relación entre virtud, interacción social y felicidad ha incrementado su importancia entre los autores de los más recientes estudios de la felicidad. Como Hudson (1996, p. 107) dice,

'La nueva ciencia de la felicidad está trazando lentamente su camino de vuelta al pasado'.

Por ejemplo, las encuestas modernas revelan que la gente feliz se ve a sí misma  más moral que la media (Myers y Diener, p. 71). Veenhoven (1993, pp. 69-70) ha encontrado evidencias de una correlación entre la confianza en el propio compañero y la felicidad (aunque, interesantemente, hay una correlación negativa entre felicidad y confianza en instituciones). Otros estudios de sujetos clasificados por una felicidad auto-profesada encontraron que los sujetos más felices tenían mayor grado de participación e interacción en el medio ambiente (McGill 1967, p. 333) y que tienen más probabilidades de iniciar contacto social con los amigos, de responder a peticiones de ayuda, menos probabilidades de absentismo laboral y de verse envueltos en disputas en el trabajo (Frank 1997, p. 1833).

La relación entre la felicidad en general y una sociedad cooperativa establece las bases para afirmar que la felicidad podría, de hecho, causar desarrollo [3] .  Smith sugiere lo siguiente:  que el hombre tenga un amor real por la virtud y el refinamiento de maneras sea un requisito necesario de la opulencia nacional, (Stabile 1996, p. 688). El rol de la confianza en promover desarrollo económico ha sido enfatizado recientemente por Fukuyama:

'la confianza puede reducir dramáticamente... costes de transacción... y hacer ciertas posibles formas de  'organización económica’ que de otra manera serían estorbadas por excesivas reglas, contratos, litigios y burocracia',

 argumenta él (Fukuyama 1995, p. 90). El estudio a través del país de Granato, Inglehart y Leblang's (1996) encuentra alguna evidencia sobre una correlación de las puntuaciones de 'confianza en la gente' con desarrollo económico (aunque, de forma admitida, una negativa asociación entre 'satisfacción en la vida' y desarrollo). En un trabajo relacionado, Narayan y Pritchett (1996) extienden el estudio de Putnam (1993), y encuentran que una medida del capital social' (miembros de los grupos de la Comunidad) está fuerte y significativamente relacionada con la media de los ingresos de la población en Tanzania. Ellos postulan que podría ser porque aumenta el rendimiento  de la información [4] .  Como los trabajos relacionados con la desigualdad, los estudios tienden a encontrar una débil relación positiva entre igualdad y desarrollo (Clarke 1995, Bourguignon 1996, Perotti 1995). Una línea de la bibliografía cree que la igualdad aumenta la confianza, la estabilidad social y política, promoviendo entonces el desarrollo (Fay 1993, Svensson 1994, Seabright 1997) [5] – aunque la mayoría de críticos asumen otros cauces [6] .

Nadie argumentaría que el incremento de los ingresos absolutos es la única manera de aumentar la felicidad. Lo que sugiere la anterior discusión  es que, mientras haya muchos factores que determinan la 'felicidad nacional' (quizá incluyendo el crimen, la guerra o el tiempo por ejemplo), la media de ingresos nacionales será una causa insignificante en países ricos mientras los ingresos relativos podrían resultar significativos.  Por otra parte, la importancia de la confianza y la igualdad para el desarrollo económico y el posible enlace entre una sociedad feliz y confiada, cohesionada, sugiere que también podría haber una relación que vaya de la felicidad a  una mayor riqueza nacional.

III.  Evidencia entre países

La 'felicidad' tal y como se mide en las encuestas, está diseñada para captar el grado en el cual un individuo juzga la calidad global de su vida favorablemente (Veenhoven 1993, p. 28).  La pregunta formulada para un sondeo de 'tres pasos', por ejemplo, tiende a tomar la forma: 'En general, ¿cómo de feliz dirías que eres: muy feliz, bastante feliz o no muy feliz?' (Veenhoven 1995). Hay cuestiones obvias sobre la validez y comparabilidad de estos sondeos, pero parecen captar sentimientos sobre 'la buena vida', 'satisfacción' y  'placer', que deberían incrementarse en economías en desarrollo si hay utilidad en aumentar los ingresos absolutos. Los resultados de estos sondeos no parecen ser al azar – de hecho son bastante constantes (aunque no completamente) en el tiempo. Los sondeos también parecen encajar con muchas de nuestras predicciones. Aquellos que dicen que son felices tienden a parecerlo a los amigos, familia y entrevistadores psicólogos, y sonríen más a menudo que aquellos que dicen no ser felices. Los felices  tienen mayor amor propio y sienten que dominan sus vidas. Los más ricos de los Estados Unidos son ligeramente más felices que la media, mientras que los alcohólicos hospitalizados, los nuevos presidiarios, los nuevos clientes de psicoterapeutas, los negros de Sudáfrica durante el Apartheid y los estudiantes que viven bajo opresión económica y política son considerados menos felices que la media (Myers y Diener 1996, pp. 70-71). Las encuestas sobre felicidad ya han sido usadas por algunos economistas previamente (Blanchflower y Oswald 1992). Además, al menos estas encuestas son un intento de medir los niveles de utilidad directamente, mejor que confiar en la teoría  de que el producto nacional bruto per cápita es un buen indicador de  la utilidad de la sociedad.

Un claro problema que permanece es el de las variaciones culturales en la propensión a ver el mundo de manera positiva o negativa, o  entender las preguntas de los sondeos de formas distintas (Easterlin 1995, p. 43) [7] . Las cifras sobre las desviaciones medias y estándar sobre las puntuaciones de la felicidad informadas en el tiempo en un grupo de países occidentales (Tabla 1) sugieren que esto podría ser un problema real con estudios entre países. La desviación media estándar de la felicidad en el tiempo dentro de un país está alrededor de 0.1 en una escala de tres puntos (con puntuación 'muy feliz' en el 3, 'bastante feliz' en el 2 y 'no muy feliz' en el 1).

La desviación estándar de la media de felicidad a través de los países es 0.19 – significativamente mayor. Esto sugiere que hay un gran componente constante (posiblemente cultural) en las respuestas de la gente a estos sondeos. Esto es por lo que, donde sea posible, limitaré mi uso de las encuestas sobre felicidad a comparaciones temporales dentro de un mismo país antes que en un análisis entre países [8] .

Tabla 1

Felicidad en países ricos

Media Máximo Mínimo Desv.Std. Observaciones
Bélgica 2.21 2.40 2.07 0.12 10
Dinamarca 2.25 2.34 2.09 0.08 10
Francia 1.92 2.01 1.84 0.05 11
Irlanda 2.17 2.34 1.87 0.13 10
Italia 1.72 1.82 1.51 0.(9 11
Luxemburgo 2.11 2.20 2.00 0.08 10
Holanda 2.36 2.48 2.22 0.07 11
UK 2.15 2.49 1.90 0.17 12
USA 2.25 2.51 2.13 1.10 25
Alemania Oeste 1.98 2.04 1.89 0.04 10

  Fuente:     Veenhoven 1995.

No obstante, los sondeos entre países presentan alguna evidencia de que los países ricos son más felices que los pobres. Veenhoven (1994, p. 131) encuentra una correlación fuerte y significativa entre ingresos reales per cápita y felicidad basada en sondeos tomados de treinta países alrededor de 1980.  Easterlin (1974, p. 105) encuentra alguna relación en un estudio en 14 países en 1960.

Usando datos de encuestas de Veenhoven (1993) y números de los ingresos per cápita de las Tablas de Penn World, podemos ver que parece de hecho haber alguna relación entre ingresos y felicidad, aunque débil. Tanto una regresión de la felicidad en 1990 frente a una constante y el log. de los ingresos de 1990 como una regresión de la felicidad en 1975 contra una constante y log. en los ingresos de 1975 da lugar a una correlación de los ingresos con la felicidad con una  significación del 1% [9] . De cualquier manera, si los datos de la parte inferior izquierda (India) son tomados de la regresión entre países de 1975, la relación entre ingresos y felicidad no es significativa. Dividiendo la muestra de 1990 en dos grupos de ingresos arriba y debajo de 8.000 dólares, no hay relación significativa entre felicidad e ingresos por encima o debajo de esta línea [10] .

"Además, hay una gran evidencia de que, al menos en los ahora países ricos, no hay relación entre el aumento en los ingresos  y el aumento de la felicidad declarada.  En Japón, la felicidad informada permanece al menos a casi el mismo nivel entre 1958 y 1988 (Veenhoven 1994). En ese período, el producto nacional bruto per cápita de los japoneses en dólares constantes saltó desde 2.436 dólares (o sobre lo mismo que los ingresos presentes de Swaziland por cabeza) hasta 13.156 dólares (Summers y Heston 1991).  Easterlin (1995) proporciona más evidencias de información de Estados Unidos, Japón y Europa, sugiriendo de nuevo que no hay clara relación entre desarrollo y felicidad en esos países.

Tabla 2

Felicidad e ingresos en los países

Coeficiente de  ingresos Coeficiente de desarrollo de ingresos de Coeficiente de desarrollo de ingresos retrasados
Bélgica -0.00014.** -1.469091 0.039340
Dinamarca -0.0000439 0.237897 -0.012559
Francia 0.0000008 -0.070912 -0.002201
Irlanda 0.0001180 0.314271 -0.006168
Italia 0.0000207 -0.261726 -0.005931***
Luxemburgo 0.000046* -0.514327 0.0344 **
Holanda 0.0000071 -0.320419 -0.003219
UK -0.0000745* -0.970901 -0.019755**
US -0.0000273*** 0.028359 0.006634
Alemania occidental 0.0000220 0.729914 0.009728*

Columna 1: Felicidad contra una constante e ingresos per cápita;

Columna 2: Desarrollo de la felicidad contra una constante y desarrollo de los ingresos per cápita;

Columna 3: Felicidad contra una constante y desarrollo previo de los ingresos; (regresiones Separadas  para cada país).

*    Significativo al 10%;

**  Significativo al 5%;

*** Significativo al 1%.

Fuente: Veenhoven (1995) y Summers y Heston (1991).

Incluye todos los países con una separación de diez o más años  de datos sobre la felicidad nacional (por  un sondeo de tres pasos) y los ingresos.

Considerando la felicidad  declarada en Estados Unidos a lo largo del tiempo, tenemos datos de tres pasos de la felicidad de 1952 a 1989. Durante este tiempo, el producto nacional bruto per cápita de los Estados Unidos se ha doblado aproximadamente, desde 9.074 hasta 18.095 dólares. Como muestra la Figura 3, la felicidad de hecho cayó en aquel tiempo sobre 0.2 puntos en una escala de tres puntos (aunque Oswald 1997, usando datos diferentes, argumenta que hay una ligera tendencia del tiempo hacia la felicidad en los Estados Unidos). Tomando todos los países de Veenhoven (1993) que tiene resultados de diez o más sondeos de tres pasos sobre felicidad e ingresos en las Tablas de Penn World, realicé regresiones separadas para cada país frente a una constante y a los ingresos, desarrollo de la felicidad frente a una constante y desarrollo de los ingresos y la felicidad frente a  una constante y el desarrollo previo de los ingresos [11] . Los resultados se muestran en la Tabla 2. La felicidad está relacionada significativa y negativamente  con los ingresos en tres países, mientras sólo positivamente en uno. El desarrollo diferido de los ingresos  está positiva y significativamente relacionado con la felicidad en dos países y negativa y significativamente en dos. Variando la técnica estadística, realicé una regresión conjunta con efectos fijos (una constante separada para cada país) y con una constante común (Tabla 3). En la regresión de efectos fijos, la felicidad estaba de forma significativa negativamente relacionada con los ingresos, y el desarrollo de la felicidad estaba significativamente y negativamente relacionado con el desarrollo de los ingresos. No había relación entre la felicidad y el  desarrollo diferido de los ingresos en la regresión de efectos fijos y una negativa relación en la regresión de la constante común. Es posible que permanezca una utilidad positiva de los ingresos absolutos que pudiera haber sido equilibrada por las iguales o mayores condiciones negativas asociadas como la polución o el proceso de modernización social. Así,  esta evidencia sugiere al menos que la utilidad aumentada por los ingresos en occidente es pequeña comparada con otros determinantes de la felicidad nacional.

Los datos entre países sugieren alguna relación entre los ingresos y la felicidad al menos entre los países más pobres y los más ricos. Tal relación  tiene sentido en el marco expuesto anteriormente. Claramente, hay un nivel básico de ingresos que es necesario para  cubrir las necesidades básicas animales de supervivencia. ¿Cuál debe ser el producto nacional bruto per cápita para asegurar esas necesidades básicas?  Diener y Diener (1 995) construyen un índice de satisfacción de necesidades básicas basado en el acceso a un agua potable segura, mortalidad infantil, esperanza de vida , porcentaje de infraestructuras  sanitarias y la media de calorías diarias. Esto está relacionado significativamente con los ingresos correspondientes a un producto nacional bruto per cápita de aproximadamente $4.000, pero incluso esta lista de necesidades básicas  pierde cualquier correlación significativa con los ingresos. Ingram (1992) llega a similares conclusiones, mientras Easterly (1997) argumenta que el registro de los últimos treinta años sugiere una relación más débil todavía  que la que Diener y Diener encuentran.  Usando un análisis que da cuenta de los efectos fijos del país, Easterly encuentra que sólo 7 sobre 50 variables de 'calidad de vida' que prueba experimentan efectos de desarrollo causal que son positivos, significativos y más importantes que los cambios exógenos (aunque él apunta que esto podría ser por los largos y variables periodos entre aumentos de ingresos y mejoras en los indicadores de calidad de vida) [12] .

Tabla 3

La relación entre felicidad e ingresos

Regresiones separadas en BEL, DIN, FRA, IRL, ITA, LUX, HOL, UK, USA, ALE

          Variable

Dependiente             Felicidad         Felicidad    Felicidad           Ingresos      Felicidad         Ingresos

                                                             Desarrollo                                         Desarrollo       Desarrollo

          Variable

Independiente          Ingresos          Ingresos          Pasado     Pasado            Inicial             Inicial

                                                           Desarrollo  Ingresos       Felicidad         Ingresos       Felicidad

                                                                            Desarrollo        Desarrollo

          Efectos fijos        Regresiones

IV Coeficiente   -1.86E-Q@:t -0.1856 -0.00079 6.089871 0.000287 9.727875
IV t-stat. -2.9979,1 -2.12082 -0.51106 0.246628 0.77 1.656368
R-Squared 0.78 0.07 0.79 0.70 0.03 0.09

            Regresiones Comunes Constantes

Constante 2.003128 0.611035 2.148801 11435.82 -0.1279 10.30155
Constante t-stat. 23.13465 1.042926 99.06455 50.25898 -0.05296 1.684288
IV Coeficiente 1. 1 OE-05 -0.1712 -0.00683 -12.9238 9.86E-06 -3.11269
IV t-stat. 1.459264 -2.08803 -2.25093 -0.30108 0.046288 -1.08798
R-Squared 0,02 0.04 0.05 0.00 0.00 0.01

Fuente: Veenhoven (1995) y Summers y Heston (1991).

Incluye todos los países con diez o más años de datos sobre felicidad nacional (en sondeos de tres pasos) e ingresos..

Además, incluso en los países pobres hay evidencias que sugieren que la felicidad está relacionada con muchas otras cosas que no son los ingresos y sus efectos en el estándar de vida. Como hemos visto, no hay correlación entre países entre ingresos y felicidad en un sub-muestra de países de 1990 con ingresos por debajo de 8.000 dólares (aunque esto viene con las usuales advertencias sobre los estudios entre países, y está basado en una muestra muy pequeña). Una cosa que podría explicar esto es que la gente en los países más pobres tiene a menudo  necesidades diferentes, más alcanzables. Por ejemplo, el estudio de Cantril The Pattern of Human Concerns (1965, p. 164) apunta que la buena salud es una pequeña aspiración en la India, a pesar de ser con mucho el país en su estudio que peor registro de salud tiene. Cantril tampoco encontró una relación clara  entre el interés por los asuntos económicos nacionales o personales y el índice objetivo del estatus socioeconómico, y una definición anecdótica de lo que se requiere para un estándar de vida decente que se correlaciona altamente con los ingresos nacionales (Cantril 1965, pp. 201 y 223). Además, hay claramente una  gran importancia sujeta a los asuntos sobre estatus de no-riqueza y castas en la India, incluso a costa de la ganancia de la riqueza absoluta (Basu 1989, p. 668). Esta, de nuevo, es una idea que Adam Smith apuntó sobre Gran Bretaña a mediados del siglo XVIII:

'El honor forma una gran parte de la recompensa de todas las profesiones honorables.  En el punto de un beneficio pecuniario, consideradas todas las cosas, son generalmente compensados a la baja' (Smith 19 10, Libro 1 Ch. X).

Continua siendo un factor de actualidad en Gran Bretaña, donde millones de demandantes legítimos de bienestar no demandan, aparentemente en parte por la sujeción del estigma (Sen 1995, p. 14).

Como Aristóteles y Smith también apuntaron, y ha sido reconocido extensamente por los formuladores de la hipótesis de los ingresos relativos, que la riqueza relativa parece ser un determinante significativo de la felicidad. Scitovsky, por ejemplo, presenta un sondeo de Estados Unidos de 1974 que recoge que el porcentaje de gente con ingresos por debajo de $1.000 respondiendo que eran muy felices era del 20%. Esto se compara  con el 53 % que respondía que eran muy felices entre aquellos cuyos ingresos estaban sobre los $15.000 (Scitovsky 1992, p. 136). Esto sugiere que la utilidad marginal de los ingresos relativos permanece por encima de cero.  Esto sugiere que tomar diez dólares de los ricos y dárselos a los pobres podría permitir a más gente preservar su decencia pública, con una pequeña pérdida de felicidad de los ricos (especialmente dado cuánto un individuo considera que son 'buenos' o 'malos' ingresos es fuertemente dependiente de su propia riqueza (Van Praag 1993, p. 372, Ng y Wan. 1991,pp. 6-7) [13] .De hecho, Un estudio de Morawetz (1979)sobre dos poblados en Israel encontró que, incluso después de controlar, por un rango de otras posibles correlaciones, el poblado con una distribución de ingresos igual era significativamente más feliz que la comunidad donde los ingresos variaban, (aunque Tomes 1985 encontró variada evidencia de un estudio sobre la distribución de ingresos y la felicidad en Canadá).

Tabla 4

Ingresos, Desigualdad, y Felicidad

País Año GNP per Cápita Coeficiente de Gini Felicidad
Bélgica 1979 10.679 28.25 2.40
  1985 11.285 26.22 2.10
Dinamarca 1975 (Gini '76) 10.236 31.00 2.34
1986 (Gini '87) 13.449 33.15 2.13
Francia 1975 10.297 38.40 1.89
1984 12.034 37.20 1.91
Irlanda 1975 (Gini '73) 5.806 38.69 1.87
1986 (Gini '87) 7.238 34.60 2.10
Italia 1975 8.282 39.00 1.61
1986 11.115 33.58 1.82
Luxemburgo Datos insuficientes
Holanda 1975 10.255 28.60 2.22
  1986 11.797 29.68 2.36
UK 1965 7.679 24.30 2.49
1986 11.726 27.80 2.08
USA 1952 9.074 35.10 2.38
1989 18.095 38.16 2.22
Alemania occid. 1978 11.375 32.06 1.94
1984 12.302 32.20 1.97

Fuentes:  Deininger y Squire (1996), Veenhoven (1995) y Summers y Heston  (1991).

Usando datos de desigualdad de los datos de Deininger-Squire, la Tabla 4 aporta evidencia para esa relación a partir de los países del estudio (excluyendo Luxemburgo que no tenía datos suficientes de desigualdad). Tomando el más antiguo y el último año un coeficiente de Gini que aumentando que los datos señalan proporciona puntuaciones Gini y de felicidad, un coeficiente Gini en aumento que muestra una desigualdad incrementada, da lugar a una disminución de la felicidad  en tres países y un aumento en dos. Una disminución del coeficiente Gini da lugar a un aumento de la felicidad  en tres países y a una disminución en uno. En otras palabras, seis países confirman una relación negativa entre desigualdad y felicidad, y tres la contradicen. Dos de los tres que contradicen la relación tienen los dos menores cambios en los coeficientes de Gini en la muestra.

Esta evidencia no nos permite definirnos entre los argumentos modernos para la hipótesis de los ingresos relativos y los argumentos 'tradicionales' que entrañan interacción social presentada por Smith y  Mill. Aparece cierta evidencia sobre los tradicionales argumentos sobre felicidad y moralidad aparece cuando se pregunta, ¿la felicidad hedónica lleva al desarrollo? Se puede admitir que La evidencia es, ,débil. En una regresión de diecisiete países sobre el desarrollo de los ingresos 1981-90 frente a  una constante y respecto a los ingresos iniciales y la felicidad basada en datos de Veenhoven, la felicidad inicial estaba de forma significativa (un 5 %) negativamente relacionada con el desarrollo. Por otro lado, la Tabla 3 refleja la regresión conjunta de desarrollo de ingresos de efectos fijos frente a la felicidad inicial, libre de prejuicios culturales, que sugiere que hay una relación positiva, significativa de un diez por ciento aproximadamente.  Desde luego, si hay alguna relación causal en los países ricos, parece ir de la felicidad al desarrollo, y no viceversa.

IV. ¿Por qué desarrollarse?

Si de hecho no hay una relación entre felicidad y desarrollo, esto lleva a la cuestión de ¿por qué crecer? Claramente, el desarrollo es importante en los países más pobres. El desarrollo a este nivel es vital para crear alas condiciones animales de supervivencia necesarias para  perseguir la felicidad. ¿Cuánto es suficiente? Los datos delas encuestas de 1990 sugieren que no hay relación entre los ingresos y la felicidad después de aproximadamente $8.000 per cápita. (Murray 1988, p. 65) sugiere que la relación entre la felicidad y la riqueza se ha roto en el momento en el que el producto nacional bruto alcanza los $5.000 (en dólares americanos de 1978) (aproximadamente el mismo nivel de ruptura de la relación entre el índice de satisfacción de necesidades básicas de Diener y Diener y el producto nacional bruto per cápita). Japón no se ha hecho más feliz desde que sus ingresos por persona eran de $2.436, mientras los datos del sondeo de 1975 registrados no sugieren ninguna relación significativa por encima de $1.000 per cápita. Incluso si tomamos al límite superior de $8.000, todavía sugiere que al menos los gobiernos de la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo deberían dirigir su atención desde el desarrollo hacia otras cosas [14] . Como Gallbraith (1984) escribió,

       “Amueblar  una árida habitación es una cosa; Seguir amontonando muebles hasta que los cimientos se tuerzan es otra bien distinta”.

Que otras cosas dependen de las formas en que nosotros todavía añadimos al total de las utilidades. Una manera de conseguir esto podría ser cambiar la riqueza relativa. Uno de los problemas mencionados con el producto nacional bruto per cápita en un principio es que la utilidad marginal de un dólar podría ser mayor que aquellas de debajo de la curva de Gini que de aquellas de arriba. Además, hemos constatado más apoyo a una relación entre felicidad e igualdad, y esto sugiere un posible papel para gravar los lujos de la riqueza para que

'la indolencia y vanidad de los ricos está hecha para contribuir en una manera muy sencilla con la ayuda a los Pobres' (Smith 1910) [15]

La continua importancia de la riqueza relativa en determinar la felicidad sugiere la presencia de una tragedia de los comunes. En una economía creciente, un estado benevolente debería penalizar aquellas actividades que incrementan la riqueza absoluta personal a costa de la felicidad general. Por ejemplo, tenemos una (débil) evidencia de que el ocio y la felicidad están relacionados, basado en cálculos de los datos de  encuestas de Valores Mundiales de 1990  Veenhoven (1993) y en datos de horas trabajadas por los empleados por Madison (1995). Los cuatro países con datos en los cuales la media de horas de trabajo por cada empleado estaba por debajo de 1.500 horas en un año eran un 5 % más felices que aquellos seis países en los que  las horas de trabajo al año estaban por encima de las 1.600. Así, mientras el tiempo de ocio ha aumentado en los países ricos, si la productividad hubiera continuado aumentando mientras los ingresos por persona hubieran permanecido constantes, el ocio se podría haber incrementado mucho más deprisa. Esto indica que el gobierno podría desempeñar la tarea de forzar a la gente a tomar vacaciones, dado que, si se les permitiera, la gente continuaría tratando de asegurar una riqueza relativa estable o creciente, abandonando el ocio para perseguir ser como los más adinerados. A menos que forcemos tanto a los adinerados como a sus vecinos a tomar vacaciones, ambos gastarán un valioso tiempo de ocio en asegurar que su riqueza absoluta se mantiene.

V. CONCLUSIÓN

Este artículo no ha argumentado que el desarrollo económico en los países desarrollados sea inherentemente malo – aunque hay asuntos medioambientales obvios sobre su sostenimiento a largo plazo, parece haber condiciones externas ligadas. En cambio, se ha argumentado que no hay una razón particular para pensar que el desarrollo sea siempre bueno. El desarrollo en los países ricos falla al crear lo que se le supone ha de crear: una mayor utilidad [16] .

He argumentado que esto es por una fundamental y extendida equivocación sobre las principales causas de la felicidad. Hasta el punto de que hay una relación entre los ingresos y la felicidad en los países ricos, ligada a la riqueza relativa, y no a la absoluta. Esto tiene importantes implicaciones teóricas. Por ejemplo, si la riqueza relativa es más importante que la absoluta, las actividades que son perjudiciales para los ingresos nacionales pero neutras (o menos dañinas) para un individuo particular llegan a ser 'racionales' para ese individuo. Una implicación positiva es que, si la utilidad debe conseguirse desde el honor, los funcionarios mal pagados no han de estar motivados puramente por las oportunidades para buscar un alquiler.

Por supuesto, la débil relación entre la riqueza absoluta y la utilidad también tiene importantes implicaciones políticas. Un trabajador de los Estados Unidos se opuso a  NAFTA (North American Free Trade Agreement o Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte) porque se están aumentando las disparidades de los ingresos relativos hasta como esto aumenta la producción podría contener la perspectiva correcta sobre el punto de vista de una maximización de la utilidad. Los  gobiernos que hacen cumplir las horas de abastecimiento de máximo trabajo podrían, de nuevo, estar aumentando la utilidad. Incluso para los países más pobres donde casi permanece ciertamente una relación causal entre el desarrollo y la felicidad, la evidencia aquí presentada tiene implicaciones.  Hay alguna evidencia para sugerir que un país que directamente fomenta la felicidad y sociedades más fuertes, a través del respeto a los derechos humanos (encontrado un determinante significativo de la felicidad por Veenhoven 1994, p. 136), o intenta limitar la desigualdad, podrían crecer más deprisa. Ciertamente, hay poca evidencia de que crezcan más despacio [17] . Cualquiera que sea la naturaleza de la causalidad entre la felicidad y una más fuerte, inclusive, sociedad; y la exploración de arriba sugiere que podría ser bidireccional, acciones que mejoran la felicidad y la fuerza de la interacción social son buenas en su propio derecho y podrían tener la ventaja añadida de estimular el desarrollo. No es lógico  aplazar estos cambios de políticas hasta que la nación pueda 'permitírselos'.

            En conjunto, el análisis en este artículo sugiere que la respuesta a la pregunta '¿qué causa qué?' es que ambos podrían tener un impacto marginal en el otro. Un cierto nivel de prosperidad económica es una condición necesaria para la felicidad, pero hay mucha evidencia para sugerir que esa prosperidad económica está lejos de ser suficiente. Una vez que se alcanza un cierto estándar de vida, la relación entre desarrollo y felicidad se rompe. Por otro lado, la felicidad parece ser mucho más compleja de lo que a menudo se asume cuando hablamos de utilidad. Estar satisfecho incluye relaciones con una sociedad más amplia que sugiere que podría haber una relación causal de la felicidad con el desarrollo. Esto no es importante para los países ricos, donde el fin de la felicidad se ha separado del significado del desarrollo económico. Sin embargo, En los países más pobres, sugiere que no hay necesariamente un conflicto entre una utilidad presente creciente y esperar con ilusión a una utilidad incluso mayor en el futuro.

17

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resumen

Aunque se acepta que el producto nacional bruto per cápita tiene muchos defectos como  medida de la utilidad del desarrollo la mayoría de críticos expertos todavía argumentarían que un aumento en en producto nacional bruto per cápita tendrá efectos positivos en la utilidad total pesando más que cualquiera de las condiciones negativas. Tomando el ejemplo  de la  concepción de la naturaleza y causas de la felicidad que se remontaa Adam Smith y a los originales partidarios del Utilitarismo, este artículo argumenta que el aumentode los ingresos absolutos debería tener un pequeño efecto en la felicidad en los países más ricos, y en cambio podría haber  canales que enlazaran felicidad causalemente con el desarrollo. Usando una serie de evidenciasen el tiempo a través de encuestras de felicidad en diez países ricos, el artículo no encuentra apoyo para una relación causal del desarrollo con la felicidad, un débil apoyo para una causalidad contraria y además (débil) apoyo para los enlaces entre la igualdad nacional y felicidad y tiempo de  ocio y la felicidad. El artículo concluye ofreciendo algunas consecuencias sobre esto  para la teoría y la política.


[1] Este hecho es aceptado mayoritariamente. La gente parece estar más cómoda aceptando que un mismo porcentaje  de cambio en los ingresos llevará a iguales incrementos en felicidad, lo cual parece ser también en cierto modo arbitrario. Parece que un incremento medio del 100 % en los ingresos de Estados Unidos causaría la misma felicidad que un incremento medio del 200% en los ingresos de Mozambique.

[2] Sen basa su idea de avanzar en 'funcionalidades – la habilidad para hacer cosas. Entonces, un persona sumida en la pobreza está en desventaja sea lo que sea lo que piensen de ello.  '¿Es posible que creamos que uno está actuando bien sólo porque está satisfecho o feliz? ¿Puede ser mayor el modelo de vida de una persona si está llena de privaciones?' (Sen 1985, p. 8). Sin caer en la trampa del relativismo cultural absoluto y mientras se acepte la idea de que podría haber una 'falsa consciencia ', podría argumentar  que esto depende de la naturaleza de esas privaciones. Existen ciertas necesidades animales como la comida, el abrigo y la libertad frente a la violencia (la más básica de las necesidades básicas, la más primaria de los bienes primarios), que sólo los locos – y los que mueren pronto – estarían satisfechos sin ellas. Hay otras cosas que usualmente hacen más feliz a la gente, al menos hasta lo que sabemos (educación relativa, riqueza relativa, esperanza de vida relativa). Pero si una persona es feliz sin estas necesidades y no sería más feliz con ellas, ¿es mi papel obligarla a aceptarlas?¿Cómo saber si es ella y no yo, quien sufre de 'falsa consciencia'?

[3] Argumentar que una sociedad fuerte, abierta, con un código moral común es buena para la felicidad y buena para el desarrollo no es lo mismo que argumentar que 'toda comunidad es K buena'.  Mientras un sentido de la 'comunidad podría ser importante para la felicidad de cada individuo, la naturaleza de esa comunidad podría crear condiciones positivas o negativas para la felicidad de otros y el desarrollo nacional'.  Las comunidades son exclusivas. Es fácil pensar en comunidades que han sido exclusivas de tal forma que han hecho a otros desgraciados (el pueblo Afrikaner  o Hutus, por ejemplo).  Hay también evidencia de que en las comunidades exclusivas hay fuerzas de disuasión para el desarrollo económico porque incrementan la complejidad para proveer los bienes públicos (al Este 1996).

[4] Aunque debería ser apuntado que otro intento de correlacionar el 'capital social ' del tipo Putnam con el desarrollo produjo una asociación negativa (Helliwell 1996), mientras Jackman y Miller (1996) reexaminaron las medidas de Putnam sobre la comunidad municipal y encontraron débiles predictores de la eficacia económica..

[5] Incluso si uno acepta los argumentos de la escuela de Chicago de que la desigualdad de los ingresos relativos representa sólo diferencias en los deseos relativos de ingresos y ocio, uno puede imaginar que sociedades con muy diferentes ' valores ' (como los manifestados en un alto coeficiente de Gini)  tendrían menores niveles de confianza.

[6] Dusenberry (1949) argumenta que la desigualdad lleva a los pobres a estar presionados en los estándares de  consumo de la comunidad reduciendo sus ahorros, otros ponen a su papel como decreciendo el alcance educativo (Atkinson 1997).

[7] Veenhoven (1993) argumenta que los problemas lingüísticos o de cultura no juegan un gran papel en la determinación de las puntuaciones en  felicidad (señalando la gran diferencia de puntuaciones en felicidad entre el antiguo Este y Oeste de Alemania como ejemplo), pero es imposible  descartar su papel completamente.

[8] También evitaré comparar encuestas de felicidad de tres pasos con otras de cuatro o cinco pasos, que requieren un arbitrario (si cuidadoso, y aparentemente bastante exacto) ranking de diferentes respuestas en una escala común de diez puntos. A pesar de esto, incluso dentro de sondeos estoy dejando de asumir una falsa cardinalidad. Para comprobar la magnitud de este problema, tomé las puntuaciones de felicidad de la  Tabla 4 y volví a las encuestas originales (informadas en Veenhoven 1994) para comprobar los porcentajes dados para cada respuesta. En cada caso el porcentaje respondiendo que no eran felices se incrementó cuando la puntuación en felicidad disminuyó, y bajó cuando la puntuación de felicidad  aumentó. En todos los casos menos en uno (Francia), el porcentaje respondiendo que eran muy felices descendió cuando la puntuación sobre felicidad disminuyó y se incrementó cuando la puntuación de felicidad aumentó. Esto sugiere que el problema no es particularmente grande.

[9] Para 1990, N = 29, el estadístico t de los ingresos es 3.74, la R al cuadrado es 0,34. Para 1975, N = 17, la t-Stat. De los ingresos iniciales es 3,14, la R al cuadrado es 0,40.

[10] Para la regresión de 1990 para los países con ingresos por debajo de 8.000 dólares, N = 12, el estadístico t en ingresos es –1.57 -1.57 (la relación es, si la hay, negativa), la R al cuadrado es 0,20' Para la regresión de 1990 para países con ingresos por encima de  8.000 dólares, N = 17, el estadístico t de los ingresos es –0,24, la R al cuadrado es 0,00. Para la regresión de 1975 sin India, N = 16, la t-stat. De los ingresos iniciales es 1,19, la R al cuadrado es 0,09.

[11] Puesto que los sondeos tuvieron lugar a intervalos irregulares  y quería usar datos de desarrollo superpuestos, el 'desarrollo previo ' es el desarrollo que se dio entre el último sondeo y el sondeo bajo investigación – es decir, no hay un período de  longitud constante. Esto  sólo constituye un problema serio  si uno imagina que hay un 'ciclo del negocio de la felicidad'.

[12] Las siete variables son los porcentajes de trabajo infantil, las raciones de calorías, la ingesta de proteínas, los coches, los vehículos comerciales, los teléfonos y la proporción de la última quintila de  ingresos.

[13] Aunque Easterlin (1974, p. 119) argumenta que es bastante posible que la desigualdad se reduzca, la sensibilidad hacia la desigualdad se incrementaría, cancelando el bienestar de nuevo. Además, hasta el punto de que la felicidad es una actividad más que un estado, el recibo pasivo de transferencias  podría no aumentarlo (Hudson 1996, p. 92).

[14] Hasta cierto punto, ellos ya han puesto su atención sobre otra cosa. La expansión de la conciencia de clase durante los siglos XIX y XX es un signo de la importancia creciente de las consideraciones de la riqueza relativa. Esto compara las relaciones en muchos países en desarrollo que van más allá de las clases y son diseñados para preservar o realzar los estándares absolutos de vida. El ‘campesino racional’ de Popkin (1979) podría de hecho ser más un individuo más ‘racional’ (en el sentido de ajustar la condición de maximización de ingresos tradicional) que el rico Consumidor Occidental en el cual el modelo está basado.

[15] Se podría argumentar que la comunicación internacional está haciendo una comparación intra-nacional crecientemente irrelevante como una base para medir la riqueza relativa. Pero también podría ser que la nación fuera una unidad demasiado grande para juzgar la riqueza relativa. Como se expuso antes, el trabajo de Cantril y de otros sugiere que la gente juzga la riqueza como unos ingresos (los pobres definen al muy rico como un nivel de  ingresos como una fracción de ese nivel definida por los ricos). Esto indica que la asociación personal importa más que la comparación internacional en determinar los sentimientos de una persona sobre la riqueza relativa. Incluso si, de cualquier manera, la gente en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), ésta sólo una razón para el desarrollo en la OCDE para ser una causa de la miseria global, como las desigualdades internacionales. Esto no es ciertamente una justificación internacional para el continuo desarrollo de occidente.

[16] Esto plantea una pregunta: ¿por qué es una visión tan ampliamente sostenida  que el desarrollo pueda incrementar la utilidad? Un neo-marxista podría argumentar que es porque  una concentración en el desarrollo económico deja cuestiones sobre la distribución económica sin preguntar. Un Weberiano podría incidir en la ética Protestante, o variaciones sobre ella. La idea Weberiana de un asunto para enseñar que uno es salvado encaja con la tragedia globalizada de los comunes. El rápido desarrollo económico es el signo de una gente elegida y que un país es rico muestra a sus habitantes que son salvados. Crecemos, entonces, por miedo  al castigo, con toda la miseria ligada que una idea del mundo así sostiene.

[17] Aunque debería observarse que la evidencia de una relación positiva entre los derechos civiles y el desarrollo es más débil de lo que se ha suele asumir. El sondeo de Brunetti (1997) encuentra que sólo cuatro de cada siete artículos que tratan sobre la violencia política encuentran una relación significativa con el desarrollo. La evidencia de la desigualdad y el desarrollo también permanece en debate apasionadamente (Deininger and Squire 1996).