Efectos del Síndrome "Nido Vacio" sobre la Auto-evaluación del Bienestar Físico y Psicológico*

ELIZABETH BATES HARKINS**

Battelle Human Affairs Research Centers

Traducción: Gemma Alonso

                Este estudio enfoca tres grandes limitaciones de investigaciones previas: El síndrome "nido vacío" está considerado como un estado transitorio más que duradero; se tienen en cuenta las definiciones subjetivas así como cuando los hijos más jóvenes terminan el bachillerato; y también se analizan los grupos de mujeres con alto riesgo de depresión. Los resultados nos indican que: (1) los efectos "nido vacío" sobre el bienestar son bastante ligeros y generalmente, desaparecen dos años después de que se produzca el acontecimiento; (2) no hay ningún efecto de la transición sobre el bienestar físico y sí un efecto positivo sobre el bienestar psicológico, y (3) sufrir esa transición fuera del tiempo en el que ésta se espera parece tener efectos adversos.

            El término "nido vacío” se usa mucho para referirse al período de la vida en que los niños han terminado de crecer y abandonan el hogar. Aunque tanto hombres como mujeres experimentan esta transición, solamente se ha considerado estresante para las mujeres, ya que esto conlleva la pérdida de los principales componentes del rol de madre, un role que tradicionalmente viene siendo el principal objetivo en las vidas e identidades de muchas mujeres. Tanto en la tradición popular como clínica, el "nido vacío” es a menudo visto como un cambio perjudicial en el bienestar físico o psicológico de la mujer. Páginas completas de anuncios en  revistas médicas presagian la necesidad y la utilidad de antidepresivos para combatir este síndrome(cf., temas recientes de la Revista de la Asociación Médica Americana y Noticias Medicas del Mundo).

            Por si fuera poco, estudios más sistemáticos aportan sin lugar a dudas una evidencia conflictiva del impacto del efecto nido vacío sobre el bienestar de la madre. Deutscher (1969) y Blood y Wolfe (1960) investigaron los efectos de la transición al nido vacío en la relación marido-mujer y llegaron a conclusiones bastantes conflictivas. Deutscher descubrió que la calidad de la relación conyugal permanecía sin cambios o mejoraba después de la paternidad. Blood y Wolfe, sin embargo, descubrieron un aumento del desacuerdo conyugal, provocado quizá, por el abandono de los hijos.

            Bart (1971), en un estudio sobre mujeres de mediana edad que estuvieron antes en psiquiátricos, descubrió que el 63 % de las mujeres con alguna pérdida de su rol maternal (ej. al menos un hijo ha abandonado el hogar) sufrían depresión. El 82% de las amas de casa con pérdida de su rol maternal que sobreprotegieron o tuvieron una relación demasiado estrecha con sus hijos también sufrían depresión En comparación, el 62 % de las mujeres con otras formas de pérdida de rol sufrieron depresión, un dato casi equiparable al resultante de las mujeres con algún grado de pérdida maternal. Aunque este estudio se limita sólo a mujeres hospitalizadas y a la depresión se le da, quizá, una importancia de poca garantía, nos sugiere factores que  pueden contribuir al entendimiento del período "nido vacío" y sus posibles efectos. En contraste, Lowenthal, Chiriboga (1972) y Neugarten (1970) no descubrieron ningún efecto sobre el bienestar de la anticipación o la experiencia del período "nido vacío", y Glenn (1975) nos informa sobre un estudio americano de encuestas nacionales que las mujeres después de su etapa de madres muestran mayor felicidad, disfrute de la vida y felicidad conyugal que las mujeres de edad similar que tienen hijos en casa.

            De alguna manera, sin embargo, la mayoría de las investigaciones han fallado a la hora de comprobar adecuadamente la fase de transición de los efectos del nido vacío. El presente estudio intenta superar tres limitaciones que se encontraron en investigaciones previas. Primero, la mayor parte de la investigación en este campo ha comparado el bienestar de las mujeres (y a veces hombres) antes del abandono de su último hijo con el de mujeres cuyo hijo menor ya había dejado el hogar previamente. Tal comparación asume implícitamente que cualquiera que sea el efecto del abandono del hijo, éste se mantiene o perdura durante el resto de su vida. Investigación sobre la jubilación (ej., Stokes y Maddox, 1967) y generalmente sobre transiciones (ej. Tyhurst, 1957; Rioch, 1971), nos sugieren que no hay un patrón necesariamente duradero del efecto. Más bien podría tratarse de un período de inmediata adaptación, seguido de un reajuste y, finalmente una elaboración de nuevos roles y patrones de interacción. En otras palabras, podría haber un efecto fuerte temporal en el comportamiento que uno observa. Sería más apropiado buscar los efectos desde la fase de transición inmediata al nido vacío (dentro de un año o dos después del acontecimiento).

            Segundo, Spence y Lonner (1971) explican que las mujeres difieren considerablemente en lo que para ellas supone el “abandono del hogar." El criterio de abandonar parece estar determinado por aquel punto en que la madre decide que su hijo es independiente, un punto que varia desde la graduación del instituto hasta cuando se casa y tiene familia. La mayor parte de la investigación anterior ha señalado el nido vacío como la graduación del instituto del hijo menor. Un nuevo aspecto se ha sacado de observar el bienestar de las madres después de saber cómo ellas mismas definen el “abandono”.

            Finalmente, no hay razón para esperar que la experiencia del nido vacío deba ser la misma para todas las mujeres. Puede ocurrir perfectamente que para algunas, si no muchas, la transición al nido vacío es un período anticipado esperado y, de hecho, favorable. Podría ser fructífero centrarnos en aquellas mujeres a quienes tal fase de transición sería más angustiosa. Por ejemplo, aquellas madres con actitudes más tradicionales hacia el role de la mujer podrían percibir la pérdida de los componentes más activos del rol de madre como la mayor pérdida. También, aquellas que están experimentando simultáneamente otros cambios de vida o que no tiene otra alternativa inmediatamente disponible podrían encontrar la fase de transición "nido vacío" más perjudicial. Finalmente, aquellas mujeres cuyos hijos menores no abandonan el hogar cuando se espera, ej.. aquellas que se encuentran en desfase relativo a la edad o a las pautas de vida, pueden estar afectadas negativamente por el retraso en la transición "nido vacío" (Neugarten y otros., 1968; Neugarten y Hagestad, 1976).

MÉTODOS

                     Los datos para este estudio se recogieron en el invierno de 1973-1974 con 318 mujeres cuyos hijos menores estaban estudiando en uno de los cinco años del instituto entre 1971 y 1975 de dos centros del condado de Durham, Carolina del Norte. En el momento de la recogida de los datos, las madres con hijos escolarizados en 1974 y 1975 se encontraban en la fase "pre-nido vacío;" las madres con hijos escolarizados en 1972 y 1973 habían experimentado la fase referida al "nido vacío" (graduación del hijo menor) hacía 18 meses; y madres con hijos en clase en 1971 habían pasado esta etapa hacía un año y medio o dos y se habían se encontraban en fase de readaptación Para el estudio se seleccionaron todas las mujeres cuyos hijos menores estaban en uno de los cinco cursos eran blancas, casadas, con el cónyuge en vida y con no más de tres hijos. Las restricciones sobre la raza y el estado civil son compatibles con las investigaciones anteriores y redujeron el tamaño de' la muestra que habría sido necesaria para un control adecuado sobre estas variables. La restricción sobre el tamaño de la familia se hizo para controlar la variabilidad en la constelación familiar.

                     Se realizó una encuesta postal y se consiguió un 67 % de respuestas usando cartas y el teléfono como herramienta de seguimiento.1El análisis de la falta de respuestas potencial sugirió que aquellos que respondían tenían un nivel cultural mayos que los que no respondían, un descubrimiento frecuente en las encuestas postales. También cabe destacar el menor índice de respuesta por parte de las madres cuyos hijos menores se graduaron en 1972 (60 ) que de aquellas que tenían hijos en los otros cuatro cursos(69 ). Estas mujeres se encuentran posiblemente en medio de la transición "nido vacío"; sus hijos acabaron el instituto aproximadamente 6 meses antes de la encuesta. El efecto del exceso de representación de mujeres de clase media-alta, de mayor nivel cultural es que apenas podemos decir nada sobre la transición "nido vacío" que afecta a grupos socio-económicos de clase más baja. Esta limitación no es, probablemente, un problema serio ya que el nido vacío -como se suele concebir por tal-afectaría en primer lugar a la mujer de clase media cuya definición y concepción del rol está generalmente asociado a sus hijos. La reducida respuesta de las madres con hijos de la promoción del 1972 es, potencialmente, un mayor problema. Las que no responden, posiblemente lo hagan debido a la sensibilidad que presentan con respecto al tema, y su ausencia en la muestra podría llevar a una desestimación de los efectos de la fase de transición.

                           El grupo de estudio resultante era de 318 mujeres de entre 37 y 63 años, con una media de 49 años y una desviación estándar de 5 años. Los años de estudios completados de estas mujeres variaba de entre 6 y 21 años, con una media de 13,2 años y una desviación estándar de 2,2 años.

                     El análisis de los datos se centraba en primer lugar en una investigación de la definición objetiva de "nido vacío", graduación del instituto y su relación con el bienestar. En segundo lugar, se realizó un análisis similar usando la propia definición subjetiva de la madre del "abandono" en lugar de la graduación del instituto. Por último, se exploró un número de variables que podrían ayudar en la definición aportada por un grupo de alto riesgo.

                     Las variables de transición "nido vacío" (definidas tanto objetiva como subjetivamente), los controles en cuanto a las diferencias de edad y fase menopáusica, así como las variables exploradas en la definición dada por el grupo objeto del análisis las debatiremos conforme entremos en el análisis de las mismas. Las medidas dependientes fueron la Escala de Equilibrio Afectivo (ABS) (Bradburn, 1969) usada para medir el bienestar psicológico) y un índice médico abreviado de Cornel (CM1) (Brodman y otros., 1949) usado para medir la auto-evolución del bienestar físico. El indicador 195-item (CM1) ha demostrado ser una fuente fiable del estado de salud (Abramson, 1966), pero su extensión y tendencia a mostrar síntomas psicológicos alteraron el índice que se pretendía conseguir. Tanto para acortar el índice como para evitar valores relacionados con el bienestar emocional, los 33 valores que se relacionaban más directamente con el sistema cardiovascular, gastrointestinal y óseo-muscular se extrajeron y recopilaron como un CM1 abreviado. Por todos es sabido que los sistemas del cuerpo humano se caracterizan por su vulnerabilidad al estrés socio-psicológico, ej., ataques al corazón, úlcera estomacal y artritis reumática (Moss, 1973).

                           Toda la gama de posibles resultados (de 0 a 30) sobre el  ABS se obtuvieron en estos datos, con una media de 5,4 de desviación estándar. Los resultados más altos nos reflejan, proporcionalmente, un mayor afecto positivo que negativo. Dentro de los posibles resultados (de 0 a 33) para el indicador CM1, se obtuvo una gama de 0 a 21. Yendo aún más lejos, la media de 4,0 y el 4,1 de desviación estándar nos indicaron un alto grado de sesgo skew hacia el extremo más alto de la distribution del indicador CM1 o muchos síntomas. Para corregir la marcada desviación de la normalidad, los resultados del  indicador CM1 se transformaron usando una fórmula logarítmica (Walker y Lev, 1953:424). La escala resultante tenía una media de 1,3 y una desviación estándar de 0,8.

                     Los datos se analizaron por medio de técnicas de regresión múltiple. También se usó el análisis de clasificación múltiple (Kerlinger y Pedhazur, 1973) para manejar variables nominales y variables de intervalo cuyas relaciones con las variables dependientes se salían notablemente del gráfico lineal.

RESULTADOS

Medida objetiva del "nido vacío"

                        La salida del instituto del hijo más pequeño se usó como un indicador objetivo del "nido vacío". Las encuestadas fueron divididas en dos grupos: (1) aquellas cuyo hijo menor todavía no había acabado el bachillerato (etapa pre-nido vacío) y aquellas cuyo hijo menor había acabado el bachillerato más dos años antes del tiempo en el que se realizó la cuesta (etapa post-nido vacío), N = 203; y (2) aquellas cuyo hijo menor acabó el instituto entre 6 o18 meses antes de la realización de la encuesta (etapa de transición "nido vacío"), N = 115. Esta categorización permite que se contraste a las mujeres que se encuentran en el período de transición con aquellas que estén en la etapa pre y post nido vacío.2

                        Para evitar la confusión de cualquier efecto nido vacío con los efectos de edad o menopausia, éstos últimos se incluyeron en el análisis. De esta forma, se podrían valorar los efectos del síndrome "nido vacío" sobre los resultados de bienestar de los efectos a causa de la edad o menopausia.3  Debido a la tendencia del indicador CM1 a interferir en la información extraída del bienestar psicológico, pese al intento de borrar valores tan claros de la escala, el ABS se usó como una variable de control para valorar los efectos del "nido vacío" en los síntomas físicos. En efecto, este control permite la valoración de los efectos de la variable de transición sobre el indicador CM1 después de que se extrajera cualquier efecto del bienestar psicológico sobre el CM1.

                        La tabla 1 presenta los resultados de los análisis de regresión separados de los efectos del grueso de "nido vacío" de la edad y menopausia sobre los indicadores CM1 y ABS. Como se aprecia arriba, el indicador ABS se incluye como una variable de control en la ecuación que utiliza el bienestar físico como una variable dependiente. Las variables independientes se introdujeron en cuatro pasos, como se indica en la tabla 1 (tres pasos cuando ABS es la variable dependiente). La tabla muestra los coeficientes métricos desde la ecuación final, incluyendo todas las variables independientes y el R2  al final de cada paso.

                        El indicador ABS está íntimamente asociado al indicador CM1, explicándonos el 12 por ciento de la varianza en la variable dependiente. Lo que quiere decir que cuanto más positivo es el afecto de una, menores síntomas se reflejan en el indicador CM1. La edad no tiene ningún efecto relevante en CM1. Aunque el contraste entre mujeres pre-menopáusicas y post-menopáusicas es importante, no hay un efecto global de estado menopáusico reflejado en CM1.4 Finalmente, para el control del indicador ABS, edad y menopausia, las mujeres dentro de la etapa de "nido vacío" mostraron muchos más síntomas del indicador CM1 que las mujeres en l a etapa pre y post "nido vacío". La  variable "nido vacío" cuenta con una pequeña(1,2 ) pero significante porción de la varianza en el indicador CM1.

                        Con el indicador ABS como variable dependiente, la edad y la menopausia, de nuevo, siguen sin tener efecto global. Además, La variable "nido vacío" explica sólo el 0,2 % de la varianza en la variable dependiente después de controlar la edad y la fase menopáusica. La  transición definida objetivamente como "nido vacío" no tiene ningún efecto en el bienestar psicológico como lo indicado por ABS.

Medida subjetiva de "nido vacío"

                        Los efectos sobre madres con su hijo menor a punto de acabar el bachillerato no parecen demasiado fuertes. El acontecimiento objetivo de acabar el bachillerato, sin embargo, no parece afectar psicológicamente como el fenómeno "nido vacío". Para poder obtener la definición subjetiva de las madres de la expresión "nido vacío", se les pidieron que indicaran qué conjunto de acontecimientos “se ajusta más a su idea en cuanto a lo que representa la idea de abandonar el hogar" La tabla 2 nos da, en la columna de la derecha, el porcentaje de madres que eligieron cada una de las seis definiciones de abandono. Se puede apreciar que sólo el 1,3 % de las madres eligió “la finalización del bachillerato" como la causa más general en el estudio nido vacío. Además, todas las mujeres que lo describieron así, tenían aún algún hijo en el instituto.

                        La tabla 2 también presenta un cruce de datos con las definiciones que dieron otras madres de "abandono del estado actual del niño". Hubo 118 madres cuyo hijo menor coincidía con su definición de abandono. De las cuales, sin embargo, sólo a 72 se las clasificó en la transición de "nido vacío"; las otras 46 probablemente coincidieron con la definición durante más de un año y medio anterior a la entrevista y desde ésta se encontraban ya en la fase post-nido vacío.5 La definición subjetiva de nido vacío que se usó en los análisis indica que la madre ha experimentado la transición "nido vacío" justamente cómo ella misma definió, un año y medio anterior al acontecimiento.

TABLA 1. COEFICIENTES DE REGRESIÓN MÉTRICA (b) DESDE LA ECUACIÓN FINAL QUE RECOGE LOS EFECTOS DE LOS RESULTADOS DE "NIDO VACÍO" DE LA EDAD Y LA MENOPAUSIA (Y AFECTO DEL EQUILIBRIO DEL BIENESTAR FÍSICO) SOBRE EL BIENESTAR FÍSICO Y PSICOLÓGICOa

  Fase 1   Fase 2 Fase 3 Fase 4
  Equilibrio   Edad Pre- Nido
Variable Dependiente Afecta < 40 41-50 Menopáusica Menopáusica Vacío Constante
Índice médico Cornell -0,5* 46 .08 -.36* -.02 .19* 2,22
R2 en cada fase .12       .13 .15 .16*
               
Equilibrio del Afecto   -2,54 -1,17 2,20* .96 .52 20,26
R2 en cada fase         .01 .02 .02

a Los grados de libertad se basan en N de 311.

* p < .05.

TABLA 2. TABLAS CRUZADAS CON LA DEFINICIÓN DE ABANDONO POR PARTE DE LAS MADRES SEGÚN LAS CARACTERÍSTICAS DEL HIJO

  Estado del hijo Total
Definic. de la madre En casa/ en instituto En casa/No en instituto Fuera/No casado Fuera/casado N %
Finalizado el bachillerato 4 4 1,3
Yendo al colegio 67 7 52º 130 41,3
Con primer trabajo 1 1 3 1,0
En otra residencia 51 23 45º 124 39,4
Casados 12 9 22 11º 54 17,1
Con hijos 0 0 0 0 0 0
Total 135 40 120 20 315 100,1

a El hijo coincide con la definición de abandono de la madre.

La variable subjetiva de nido vacío se introdujo en una ecuación de regresión separada con CM1 y ABS como variables dependientes usando los mismos controles para la edad y la menopausia (y ABS con CM1) como se hizo en los análisis anteriores. Tabla 3 presenta los resultados de este análisis. Los efectos de ABS, edad y menopausia en el informe de síntomas físicos son similares a los que aparecen en el análisis anterior. Aunque el contraste entre las madres de 40 años o menores y las de 50 es relevante, la edad como valor total no tiene efectos estadísticos importantes en el número de síntomas que describieron. El control de las variables ABS, edad y menopausia, nos indicó subjetivamente que el nido vacío tiene un efecto ligeramente más débil que la medida objetiva en los síntomas CM1 (b = .18 versus b = .19), y que la varianza adicional de la variable subjetiva del nido vacío (0,9 ) no tiene relevancia estadística. Con ABS como medida dependiente, los efectos de la edad y la menopausia son similares a los que aparecen en el análisis anterior. El nido vacío subjetivo, sin embargo, está muy asociado al resultado total bienestar psicológico de la edad y menopausia. La mujeres dentro del grupo de transición "nido vacío"  dieron un resultado más positivo de bienestar que las mujeres de grupo pre y post nido vacío. La variable 'nido vacío' cuenta con un porcentaje adicional de un 1,9 de la varianza de ABS después de controlar la edad y menopausia.

Resumiendo, después de examinar el estado de la edad y menopausia, uno no encuentra diferencias en el bienestar psicológico entre las mujeres definidas objetivamente dentro de la fase de 'nido vacío'  y aquellas que no lo están. Lo que sí se encuentra es un bienestar mucho más positivo entre las mujeres que usan una definición subjetiva dentro de la etapa del nido vacío. En contraste, cuando el indicador CMI es la medida dependiente, no se obtienen diferencias importantes entre las mujeres definidas subjetivamente como en la fase de nido vacío y aquellas que no lo están, pero las mujeres que se definieron objetivamente en esta fase manifestaron síntomas físicos más relevantes.

TABLA 3. COEFICIENTES DE REGRESIÓN MÉTRICA (b) DESDE LA ECUACIÓN FINAL ESTIMANDO EL

EFECTOS DE LOS RESULTADOS SUBJETIVAMENTE DEFINIDOS DE 'NIDO VACÍO' DE LA EDAD Y LA MENOPAUSIA (EQUILIBRIO DEL AFECTO PARA EL BIENESTAR FÍSICO) SOBRE EL BIENESTAR FÍSICO Y PSICOLÓGICO

  Paso 1   Paso 2 Paso 3 Paso 4
  Equilibrio   Edad Pre- Nido
Variable Dependiente Afecto < 40 41-50 Menopáusica Menopáusica Vacío Constante
Índice médico Cornell -.05* 44* .08 -.36* -.02 .18 2,27
R2 en cada fase .12       .13 .15 .16*
               
Equilibrio del Afecto   -2,46 -1,08 2,16* .96 1.78* 19,99
R2 at each step         .01 .02 .04*

a Los grados de libertad se basan en N de 311.

*p < .05.

Grupos objeto de estudio

                        Se analizaron una cuantas variables como posible ayuda en la definición de los subgrupos de mujeres que podrían estar afectadas en mayor medida por el período de transición; entre ellas, se incluyen las actitudes hacia el papel de las mujeres, situación laboral, satisfacción en el trabajo, otros acontecimientos recientes en la vida, satisfacción matrimonial, tamaño de la familia, sexo del hijo menor, satisfacción con los niños, nivel socio-económico, actitudes hacia la transición "nido vacío" y si una mujer está o no en sincronía con el período "nido vacío". La hipótesis del grupo objeto de estudio implica que algunos factores operan conjuntamente en el estado 'nido vacío' cuando afecta éste afecta al bienestar. Por ejemplo, las mujeres dentro de la etapa de "nido vacío" que han experimentado también otros acontecimientos recientes en su vida, según la hipótesis, manifiestan un bienestar inferior al que se podría esperar de añadir solamente los efectos de estar en el período "nido vacío" y tener otros cambios recientes en su vida.

                        Algunas de estas variables (ej., satisfacción en el trabajo, algunos acontecimientos recientes, nivel socio-económico y actitudes hacia el período "nido vacío") tienen efectos de gran relevancia, estadísticamente, en una o ambas medidas de salud dependientes. En general, sin embargo, solo se ha encontrado una variable que sugiera que ciertas mujeres responden de distinto modo a la fase de transición, lejos de las diferencias que se esperarían de añadir los principales efectos de las variables en cuestión.6 El hecho de experimentar esta fase fuera del tiempo previsto en el que se sitúa la transición "nido vacío" no sólo afecta el bienestar sino también ayuda a explicar los efectos aparentemente contradictorios del "nido vacío" objetivo y subjetivo encontrado en los análisis que se describen arriba. En este análisis  final, la fase de "nido vacío" se redefine con tres grupos de mujeres: aquellas en fase pre o pos "nido vacío" según las definiciones subjetiva y objetiva (N = 202); aquellas en fase de transición "nido vacío" según las definiciones subjetiva y objetiva (N = 72);  aquellas que sufren un desajuste en el período "nido vacío", por ejemplo, que se encuentran en la fase "nido vacío" según la definición objetiva pero su hijo todavía no aprecia su definición subjetiva del abandono (N = 41).


TABLA 4. COEFICIENTES DE REGRESIÓN MÉTRICA (b) DESDE LA ECUACIÓN FINAL ESTIMANDO LOS

EFECTOS DE ESTAR EN FASE PRE O POS NIDO VACÍO Y EL RESULTADO DE DESAJUSTE TEMPORAL DE LA EDAD Y LA MENOPAUSIA (Y EQUILIBRIO DEL AFECTO PARA EL BIENESTAR FÍSICO) SOBRE EL BIENESTAR FÍSICO Y PSICOLÓGICOa

  Paso 1   Paso 2   Paso 3 Paso 4
  Equilibrio   Edad Pre- Desajuste Pre o Pos  
Variable Dependiente Afecta < 40 41-50 Menopáusica Menopáusica Temporal Nido Vacío Constante
Índice médico Cornell -.05* 46* .08 .36* -.02 .02 .18* 2,40
R2 en cada fase .12       .13   .15 .16*
                 
Equilibrio del Afecto   -2,60* -1,10 2,16* .91 -2.76* -1.52* 21,77
R2 en cada fase     .01   .02   .05*  

a Los grados de libertad se basan en N de 311.

 *p <.05.

                        La tabla 4 incluye los resultados de este análisis. De nuevo se estimaron ecuaciones separadas para CMI y ABS y se emplearon los controles de la edad y la menopausia (la variable ABS se usó para estimar CMI). En contraste con los análisis anteriores, la categoría de mujeres omitidas de la ecuación son sobretodo madres que se encuentran dentro de la  fase "nido vacío" más que madres en fase pre o pos "nido vacío". Los efectos de la edad, menopausia y ABS sobre la variable CM1 son básicamente los mismos que se mostraron en el análisis anterior.

                        En cuanto a los síntomas físicos, se obtuvo que las madres en fase pre y pos "nido vacío" mostraron síntomas mucho menores que las madres dentro de la fase "nido vacío" y no se han encontrado diferencias entre el número de síntomas que muestran las mujeres en fase "nido vacío" y las que sufren un desajuste temporal en la manifestación del síndrome. Hay, sin embargo, no un efecto global de este estado de "nido vacío" en el número de los síntomas que sufrían. Cuando aquellas que se encontraban dentro del grupo de mujeres con desajuste temporal fueron separadas de aquellas que se encontraban en la fase de transición descrita tanto objetivamente como subjetivamente, el efecto del estado "nido vacío" sobre el bienestar físico se redujo a cero, un descubrimiento que concuerda con el análisis que emplea la definición subjetiva del abandono.

                        En cuanto a la manifestación de bienestar psicológico, Las mujeres en fase pre y post "nido vacío" y las que sufren un desajuste temporal en la manifestación del síndrome, reflejan un bienestar bastante menor que las que se encuentran ya dentro de la fase "nido vacío". El efecto global del estado de "nido vacío" es, en el caso del bienestar psicológico, estadísticamente revelador, que explica un 2,4 por ciento adicional de la varianza que se produce en ABS. Después de analizar el estado menopáusico y la edad  de las mujeres, aquellas en la transición "nido vacío" demostraron un bienestar psicológico muchísimo más positivo (resultado ABS de 21,60) que aquellas que estaban en la fase pre y post "nido vacío" (ABS = 20,08) o las que sufrían un desajuste temporal en la manifestación del síndrome (ABS = 18,84). Como se presuponía,  la mujeres que sufrían desajuste temporal con respecto a la edad "reglamentaria" o "reloj social" en cuanto a la aparición de los síntomas, se mostraron afectadas negativamente.

DISCUSIÓN

                        Como resumen, los datos indican que la transición "nido vacío" tiene, como mucho, tiene un efecto bastante ligero y transitorio en el bienestar psicológico de las madres y apenas ningún efecto físico. El hecho de que el último hijo acabe el bachillerato parece precipitar un ligero aumento de los síntomas físicos. Este leve aumento de los síntomas físicos desaparece, sin embargo, en madres, cuyos hijos permanecen en el hogar después de acabar el instituto, que se separan.7 Además, las madres cuyos hijos abandonaron el hogar entre 6 y 18 meses antes, se mostraban más positivas que las madres que se encontraban en la fase pre o pos "nido vacío" y aquellas en desajuste temporal en la  transición. Para concluir, aunque se podría esperar una gama de factores para acentuar o condicionar los efectos de la transición del nido vacío, no hemos encontramos ninguna muestra de que esto ocurra más allá de los efectos de estar en desajuste temporal con respecto al tiempo en el que se espera entrar en la fase de transición También hay que apreciar que no hubo efectos relevantes en estos datos de la influencia de la edad y el estado menopáusico sobre el bienestar físico o psicológico.

                                        Estos resultados aportan mayor credibilidad a estudios anteriores que indican que la fase del "nido vacío" no es un período particularmente agobiante en la vida de la mayoría de las mujeres y, como consecuencia, no es una fuente fundamental de amenazas al bienestar físico o psicológico. La única amenaza al bienestar puede estar en tener un hijo que no llega a independizarse con la normalidad y en el momento que se espera.

* La versión anterior de esta comunicación se presentó en el 28º Encuentro de la Sociedad Gerontológica, en Louisville, Kentucky. La actividad investigadora que se muestra aquí ha sido financiada, en parte, por la beca de formacióm N1H número  HD-00164 y una ayuda para la investigación universitaria de la Universidad de Duke. Los datos se recogieron entre 1973 y 1974. Estoy en deuda con James House, Richard Campbell, Margaret Marini, y un crítico anónimo que revisó los comentarios de todos ellos en un borrador anterior.

** Health Care Study Center. Battelle Human Affairs Research Centers. 4000 N.E. 41st Street, P.O. Box 5395, Seattle, Washington 98105

1 Para una descripción más detallada de la muestra y sus procedimientos, se puede consultar Harkins(1974). Aunque el ideal es un diseño longitudinal. el presente diseño cross-sectional parece más factible y justificable dado el estado actual del conocimiento en este área.

2 Los análisis iniciales compararon los cinco grupos de madres. Los resultados indicaron la tendencia esperada, donde cualquiera era actual,  es decir, “los cambios” o desviaciones del estado de salud eran más marcados en madres con hijos en la promoción de 1972 y 1973, y prácticamente ausente en los grupos de la etapa pre-nido vacío (madres con hijos de la promoción del 1974 y 1975) y en el grupo post-nido vacío (de la promoción de 1971). Por consiguiente, la combinación de los grupos prenido y posnido en un único grupo no altera la información.

3 La edad resultó no estar linealmente relacionada con el indicador CM1 y, por consiguiente, se dividió en categorías basándose en los cambios más gradientes. Las categorías resultantes fueron: (1) menos o igual a 40. N = 22; (2) de 41 a 50, N = 169; y (3) mayor o igual a 51, N = 123. La fase de la menopausia se definió como: (1) pre-menopáusica si todavía hay menstruación y no ha habido cambio en su frecuencia o duración, N = 38; (2) menopáusica si aparecen uno o más síntomas relacionados con la menopausia, N = 119: y (3) post-menopáusica si no ha habido períodos menstruales dentro del año anterior, N = 157.

4 Aunque el número de síntomas detallados por las mujeres en fase pre-menopáusica es considerablemente menor que los detallados por mujeres en fase post-menopáusica (las categorías de la clasificación omitida de la ecuación), la evaluación apropiada de la relevancia del efecto del estado menopáusica se basó en la contribución a la varianza explicada (aquí un 1,7% ) elaborada con todas las variables de prueba que comprenden la variable de categoría múltiple (Cramer, 1972).

5 Aunque el tiempo real desde que el hijo menor coincidía con la definición de abandono de la madre no estaba disponible, sí fue posible una aproximación de cuánto tiempo pudo transcurrir desde que el hijo “abandonó el hogar” usando la fecha de graduación como indicador del tiempo de riesgo. Esto quiere decir que las madres cuyos hijos menores se graduaron en 1971 fueron clasificadas dentro de la etapa de “riesgo de nido vacío" durante más tiempo que las madres con hijos graduados en 1972 o 1973.

6 El número de acontecimientos recientes en la vida (Holmes y Rabe, 1%7) y las actitudes hacia el período "nido vacío" están fuertemente asociadas con los síntomas físicos. De modo que cuanto mayor número de acontecimientos recientes en la vida o cuanto más se vea uno envuelto en actitudes negativas hacia el período "nido vacío", mayor será la manifestación de síntomas físicos. El principal efecto de los acontecimientos de la vida en la fase " nido vacío" que se añadió al estado de "nido vacío" sobre la manifestación de síntomas físicos indica que las mujeres en la fase "nido vacío" que han experimentado acontecimientos que han producido cambios en sus vidas o han sentido experiencias negativas en su período "nido vacío" manifiestan más síntomas físicos que la mujeres en la fase "nido vacío" que han tenido menos experiencias recientes o sienten experiencias positivas cuando sus hijos se van. Este efecto añadido no es, sin embargo, un efecto multiplicativo o un efecto de interacción como se suponía.

7 'Estamos asumiendo aquí que esta muestra representativa de la información indica una tendencia longitudinal en las personas, una suposición que, aunque razonable, precisa, por supuesto de información longitudinal para su verificación.

REFERENCIAS

Abramson, J. H.

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