Trauma infantil y satisfacción personal del adulto en un grupo tomado al azar [1]

DAVID ROYSE, BETH LEWIS ROMPF, SURJIT S. DHOOPER

College of Social Work

University of Kentucky

Traducción realizada por Rocío Abelleira

Resumen

Se preguntó a un grupo de 640 adultos elegidos al azar acerca de los posibles sucesos traumáticos durante su infancia y del grado de satisfacción en sus vidas en el momento actual. Aquellos que afirmaron haber sufrido experiencias traumáticas durante su infancia reconocieron estar menos satisfechos con sus vidas, mostraron una menor tendencia al hecho de llegar a ser propietarios de una vivienda y una mayor tendencia a formar parte de familias con ingresos inferiores a los de aquellos individuos que afirmaron no haber sufrido este tipo de experiencias (n estudiados entre 44 y 232 según el apartado)

Numerosos investigadores han comenzado a explorar los efectos que los traumas infantiles pueden llegar a tener sobre el comportamiento y personalidad del individuo adulto. Widom (1989) descubrió que el hecho de haber sufrido abusos durante la niñez incrementaba, de forma significativa, el riesgo de llegar a tener un historial criminal en la edad adulta. Groth (1979) afirmó que una tercera parte de los agresores sexuales sufren abusos sexuales o experiencias traumáticas durante su infancia. En una revisión reciente de la información se demostró que el 30% de aquellos individuos que habían sufrido algún tipo de abusos sexuales o físicos, o que habían estado totalmente desatendidos durante su infancia repetían el mismo ciclo con sus propios hijos (Kaufman & Zigler). Este porcentaje es unas seis veces superior al correspondiente para el conjunto de la población.

Estudios psiquiátricos acerca de pacientes de sexo femenino, tanto hospitalizados como no hospitalizados, indican que la mayoría sufrieron abusos durante su infancia (Surrey, Swett, Michaels, & Levin, 1990; Bryer, Nelson, Miller, & Kroll, 1987). Cerca de la tercera parte de un grupo de 35 mujeres que sufrían bulimia reconoció haber sido víctima de abuso sexual infantil (Bulik, Sullivan, & Rorty, 1989). Pemmebaker y Susman (1988) analizaron cinco tipos de traumas infantiles (abuso sexual, divorcio o separación de los padres, muerte de algún familiar o amigo, violencia física y "otro tipo de traumas") y su relación con enfermedades en el individuo adulto. Encontraron que aquellos adultos que habían sufrido algún trauma infantil mostraban una mayor tendencia a padecer enfermedades, según un cuestionario sobre salud, y también que habían acudido en un mayor número de veces al médico el año anterior que aquellos adultos que no habían sufrido ningún trauma infantil. Incluso comprobaron que estos traumas acaecidos durante la infancia guardaban una mayor relación con los problemas actuales de salud que los traumas más recientes.

 Los médicos, normalmente están interesados en saber si sus pacientes están satisfechos con el modo en que sus vidas han evolucionado, su situación actual, sus perspectivas de futuro, e indagan con frecuencia sobre el nivel de felicidad y bienestar que sienten habitualmente (George & Bearon, 1980). Una amplia rama de la investigación ha establecido, a lo largo de los últimos años, relaciones concluyentes entre medidas subjetivas del bienestar (en las que la satisfacción vital es un componente) y las exigencias de las situaciones vividas por los individuos (Larson, 1978). Los estudios gerontológicos están repletos de investigaciones que relacionan la satisfacción vital con el bienestar personal (Thomas & Chambers, 1989). En cualquier caso, ningún estudio posterior ha examinado la relación entre la existencia de situaciones traumáticas durante la infancia y la satisfacción personal en el individuo adulto.

Aunque los médicos reconocen, normalmente, que las experiencias traumáticas durante la infancia tienen la capacidad de causar problemas emocionales permanentes que se mantienen durante la edad adulta, desconocemos cómo estas experiencias en la infancia afectan al adulto en cuanto a su satisfacción personal, dentro de un colectivo de individuos adultos seleccionados al azar.

MÉTODO

El Survey Research Center de la Universidad de Kentucky dirigió una investigación con fines múltiples en el ámbito estatal durante los meses de Mayo y Junio de 1990. El centro proporciona datos científicos a las facultades y patrocinadores corporativos. Se plantearon numerosas cuestiones sobre distintos campos que incluían el grado de satisfacción con la administración Bush, los impuestos sobre las ventas, la reforma educativa, la satisfacción personal, los sucesos traumáticos, cuestiones sociales y demográficas y otros puntos.

Utilizando un sistema digital que seleccionaba las llamadas al azar, un grupo de 640 adultos (con un error de muestreo de ± 4%) fue entrevistado por teléfono. Esta técnica no solo asegura que todos los hogares del estado tengan la misma probabilidad de ser seleccionados sino que además se incluyen los nuevos números y aquellos sin registrar. Se entrevistó a un adulto de cada familia utilizando procedimientos de selección aleatorios. Se obtuvo un índice de respuesta del 65%.

Tras varias comparaciones se concluyó que la muestra de la población tomada era representativa. Por ejemplo, en el censo de 1990, el 92% de los ciudadanos de Kentucky eran de raza blanca, el 48% eran varones y el valor promedio de las casas en propiedad era de 50000$. En esta muestra, el 94% de los encuestados era blanco, el 44% era de sexo masculino y el precio medio de la vivienda era de 50000$. Aunque las estadísticas correspondientes a la educación de 1990 no están disponibles todavía, en 1980 la media de años escolares cursados era de 12.1 y el 11% había realizado cuatro o más cursos universitarios. En esta muestra, la media de años escolares cursados era de 12.0 y el 13.8% había completado cuatro años o más de una carrera universitaria. Aunque se desconoce qué porcentaje de la población de Kentucky tiene conexión telefónica, el 93% de las familias estadounidenses tienen servicio telefónico (Oficina del Censo, 1988).

De acuerdo con el objetivo de este estudio se le preguntó a cada uno de los encuestados: "¿Durante su infancia experimentó usted alguna de las siguientes circunstancias dentro de su familia?" (a) muerte de un progenitor, hermano o hermana, (b) ruptura del núcleo familiar (c) situación de infelicidad matrimonial por parte de sus padres, (c) abuso infantil o abandono, (e) algún tipo de enfermedad grave como, por ejemplo, un infarto, (f) alcoholismo o drogadicción o (g) problemas de tipo emocional

Las personas preguntadas podían contestar a estas preguntas ‘Sí’, ‘No’ o bien ‘No sabe, no contesta’. La Escala de Satisfacción Personal (Diener, Emmons, Larsen & Griffin, 1985) fue aplicada en este caso porque se ha comprobado que la medida de la satisfacción global en lo que se refiere a la calidad de vida tiene una gran consistencia interna y una cierta fiabilidad temporal. En la escala original aparecían siete posibles categorías de respuesta pero aquí se redujeron a cinco para facilitar la recogida de los datos telefónicos. Se preguntó a los encuestados si estaban ‘Totalmente de acuerdo’, ‘De acuerdo’, ‘En desacuerdo’ o ‘Totalmente en desacuerdo’ con cada una de las cinco categorías. Se incluía también la posibilidad ‘Ninguna’ como respuesta para aquellos individuos que no podían decidir.

RESULTADOS

Los porcentajes de individuos adultos que habían experimentado alguna de las siete experiencias traumáticas se muestran en la Tabla 1 y se pueden analizar con más detalle en otros documentos (Royse & Rompf, 1991).

TABLA 1

Sucesos traumáticos vividos durante la infancia para un grupo de adultos seleccionados al azar

Suceso traumático

%

n

Muerte de un progenitor, hermano o hermana

36

233

Padres infelizmente casados

25

157

Enfermedad grave

23

149

Ruptura del núcleo familiar

21

136

Alcoholismo o drogadicción

18

115

Problemas de tipo emocional

17

108

Abuso infantil o abandono

7

44

Se combinaron las cinco preguntas de la Escala de Satisfacción Personal de forma que se obtuvo una única puntuación para la satisfacción. Utilizando esta puntuación como la variable dependiente y dividiendo a los encuestados en dos grupos correspondientes a aquellos que no habían experimentado experiencias traumáticas y a aquellos que sí, se llevaron a cabo los tests t. Para seis de los siete posibles sucesos traumáticos, aquellos individuos que habían experimentado alguna situación traumática evaluaban su satisfacción en la vida adulta de forma significativamente inferior a aquellos que no habían pasado por una experiencia traumática similar. De los siete posibles sucesos, solo ‘enfermedad grave’ no mostraba ninguna diferencia estadísticamente significativa entre los que la habían experimentado y los que no.

A continuación se analizó el hecho de si aquellas personas que habían padecido más de una experiencia traumática tenían una valoración inferior en la Escala de Satisfacción Personal que aquellas personas que habían sufrido una única experiencia, o ninguna en absoluto. Para esta comprobación, se utilizó un método unidireccional de análisis de  varianza. La puntuación referente a la satisfacción personal se dividió en grupos cuyas respuestas incluían ninguna, una, o dos o más experiencias traumáticas durante la infancia. Los resultados más bajos eran los de aquellos individuos que habían experimentado alguno de los siete posibles sucesos traumáticos. La autoevaluación respecto a la satisfacción personal alcanzaba los máximos valores para aquellos individuos que no habían experimentado ningún tipo de trauma.

TABLA 2

Satisfacción personal según víctimas y no víctimas de traumas infantiles

Trauma

n    Escala de satisfacción

t

p

   

M

SD

   

Problemas emocionales

         

Víctimas

108

16.5

3.7

-5.14

<0.1

Otros

527

18.3

3.3

   

Padres infelizmente casados

         

Víctimas

157

17.2

3.5

-5.60

<.01

Otros

474

18.3

3.5

   

Abuso infantil o abandono

         

Víctimas

44

16-3

3.9

-3.31

.001

Otros

595

18.1

3.4

   

Muerte de un pariente o hermano

         

Víctimas

232

17.5

3.6

-2.55

.01

Otros

407

18.3

3.4

   

Alcoholismo o drogadicción

         

Víctimas

115

17.3

3.9

-2.51

.01

Otros

524

18.2

4.4

   

Ruptura familiar

         

Víctimas

136

17.4

3.6

-2.42

.02

Otros

502

18.2

3.4

   

Enfermedades graves

         

Víctimas

148

17.9

3.7

-.43

.67

Otros

491

18.0

3.4

   

Las diferencias entre estos tres grupos de encuestados fueron estadísticamente significativas (F2,636=10.1, p< .0001).

Se encontraron algunas diferencias interesantes cuando se comparó a aquellos individuos que habían sufrido experiencias traumáticas y a aquellos que no, utilizando variables demográficas seleccionadas. Aquellos que habían experimentado uno o más traumas durante su infancia vivían en unidades familiares con ingresos significativamente inferiores a los de aquellos individuos que no habían sufrido ninguna de las experiencias traumáticas durante su niñez (t575= 2.8, p <.005). Además, el porcentaje de individuos que no poseía casa propia dentro del grupo de los que habían sufrido traumas infantiles (25%) era significativamente mayor que el de aquellos que no habían padecido ninguno de los siete sucesos familiares problemáticos (16%) [x1 2(N = 622) = 7.2, p < .01]. Aquellos encuestados que no habían sufrido traumas durante su infancia vivían en casas más caras que aquellos que habían sufrido uno, dos o más acontecimientos traumáticos. En cualquier caso, estas diferencias eran poco significativas (F2,396 = 2.53, p = .08).

Para explicar nuestros resultados y descartar explicaciones contradictorias, supusimos que los individuos que afirmaron haber sufrido traumas infantiles podían no haber recibido el mismo grado de formación educativa que aquellos que no tenían esos lastres en sus vidas. Una mejor educación puede influir a la hora de conseguir trabajos mejor pagados, un mejor nivel de vida y una mayor satisfacción personal. Quizás, aquellos que habían sufrido más traumas habían tenido también menos oportunidades para asistir a la universidad o para continuar sus estudios. Esta hipótesis se puso a prueba comparando el número de años invertidos en educación por las personas que, durante su infancia, no habían tenido experiencias traumáticas y por aquellos que habían padecido uno o más sucesos traumáticos. No encontramos diferencias estadísticamente significativas entre estos dos grupos  (t637 = .87, p = .38).

Este artículo sugiere que ciertas situaciones traumáticas acaecidas en la vida de un niño pueden seguir influyendo en su satisfacción personal como adulto. Aunque no es concluyente que estas experiencias traumáticas sean las causantes de una menor satisfacción en la vida, es evidente que los encuestados que afirmaron haber sufrido sucesos de este tipo estaban significativamente menos satisfechos con sus vidas y sus progresos eran menores ( según los indicadores de propiedad e ingresos familiares) que los de aquellos adultos que no habían tenido estas experiencias. A pesar de que se desconoce la proporción, dentro de esta muestra aleatoria, de individuos que han recibido psicoterapia y de que nada se puede hacer para cambiar las vivencias de una infancia desgraciada, estos descubrimientos alientan la especulación de que los médicos que no exploran los posibles antecedentes traumáticos de sus clientes pueden estar desperdiciando una oportunidad para ayudarles a recuperarse en mayor medida y disfrutar de sus vidas.

REFERENCIAS

BRYER, J., NELSON, B., MILLER, J., & KROLL, P. (1987) Childhood sexual and physical

   abuse as factors in adult psychiatric illness. American Journal of Psychiatry, 144, 1426-1430.

BULIK, C. M., SULLIVAN, P. F. & RORTY, M. (1989) Childhood sexual abuse in women

   with bulimia. Journal of Clinical Psychiatry, 50, 460-464.

BUREAU OF THE CENSUS. (1988) Statistical abstracts of the United States: 1988.

   Washington, DC: US Government Printing Office.

DIENER, E.., EMMONS, R. A., LARSEN, R. J. & GRIFFIN, S. (1985) The Satisfaction

   With Life Scale. Journal of Personality Assessment, 49, 71-80.

GEORGE, L. K. & BEARON, L. B. (1980) Quality of life in older persons. New York:

   human Sciences Press.

GROTH, A. N. (1979) Men who rape. New York: Plenum.

KAUFMAN, J., & ZIGLER, E. (1987) Do abused children become abusive parents?

   American Journal of Orthopsychiatry, 57, 186-192.

LARSON, R. (1978) Thirty years of research on the subjective well-being of older Americans.

   Journal of Gerontology, 33, 109-125.

PENNEBAKER, J. W. & SUSMAN, J. R. (1988) Disclosure of traumas and psychosomatic

   pro­cesses. Social Science & Medicine, 26, 327-332.

ROYSE, D. & R0MPF, B. L. (1991) The wounded healers among us: traumatic life events and

   choice of social work as a career. (Manuscript submitted for publication)

SURREY, J., SWETT, C., MICHAELS, A. & LEVIN, S. (1990) Reported history of physical

   and sexual abuse and severity of symptomatology in women psychiatric outpatients. Ameri­can

   Journal of Orthopsychiatry, 60, 412-417.

THOMAS, L. E., & CHAMBERS, K. 0. (1989) Phenomenology of life satisfaction among

   elderly men: quantitative and qualitative views. Psychology and Aging, 4, 284-289.

WIDOM, C. S. (1989) Child abuse, neglect, and adult behavior: research design and findings

   on criminality, violence, and child abuse. American Journal of Orthopsychiatry, 59, 355-367.


[1] Address correspondence to D. Royse, Ph. D., College of Social Work, University of Kentucky, 641 Patterson Office Tower, Lexington, KY 40506.