VARIACIONES SOBRE EL TEMA DE LA FELICIDAD: EL PUNTO DE VISTA DE UN PSICOTERAPEUTA

Pierre COUSINEAU [1]

Práctica privada

Traducción de Isabel de Ugarte

Resumen

Este documento nos muestra la percepción de un psicoterapeuta sobre las investigaciones referentes a la felicidad. Destaca los factores que afectan a la felicidad y los comenta en la perspectiva de la intervención. En un segundo plano, aparece una reflexión sobre los datos relativos a la felicidad haciendo referencia a grandes corrientes de la tradición psicoterapéutica.

Palabras clave: bienestar subjetivo: felicidad, psicoterapia

Este número temático de la Revista de psicología de Quebec nos revela datos de numerosas investigaciones sobre la felicidad. Para muchos de nosotros, entre ellos el autor de este documento, la lectura de estos textos constituye el primer contacto con una importante corriente de investigación. En virtud de la naturaleza misma de su trabajo, los psicoterapeutas tienen sobre todo la costumbre de intervenir en circulos de gente que presenta una cierta angustia psicológica. En gran medida, esta angustia se manifiesta bajo forma de emociones negativas como la depresión o la ansiedad. Ora bien, aprendemos que esta importancia que se da en las emociones negativas corresponde al número de publicaciones del entorno de la psicología (ver el artículo de Myers y Diener en este número) : el ratio de las publicaciones sobre las emociones negativas versus las publicaciones sobre el bienestar es de 17 sobre 1 a favor de las primeras, las que se refieren a la depresión y a la ansiedad se llevan la palma con diferencia.

Pero es imposible interesarse por la angustia psicológica sin cuestionarse su contrapartida, el bienestar psicológico. Así, aunque las grandes corrientes de la psicoterapia no hayan buscado la definición del concepto de la felicidad en sí mismo, han propuesto de una manera mas o menos formal, modelos conceptuales del bienestar psicológico. Entre otros, la disminución de los afectos disfóricos ha sido asociada a la evaluación realista de la realidad más que a evaluaciones basadas en deformaciones cognitivas (estudio cognitivo, Beck, 1976) ; a un Mi consciente y muy capaz de realizarse, el Superego del mismo modo que la realidad exterior, más que de estar a su gracia (escuela americana de la psicología del Mi fundada sobre el segundo tópico de Freud de 1920, ver Hartman, 1951, así como Laplanche y Pontalis, 1967) ; a la primacía de un verdadero Si (Miller, 1979), de un Sí real (Masterson, 1985) sobre facetas defensivas y falsas del Si (las teorías del Si y/o las teorías de las relaciones de objeto ; ver Poirier, 1997, p. 120-121, para una clasificación de los estudios relativos a las relaciones de objeto) ; a una « complementariedad entre el Mi y el Si » (Dumesnil, 1993, p. 135) en la que, idealmente, el Mi se convierte en « una instancia consciente, razonable y adaptada que tiene un prejuicio favorable para él Si, pero de todas maneras lo considera con lucidez y sin pasión, pudiendo llegar hasta a rechazarle ciertas satisfacciones si éstas están inadaptadas, pero sin reprocharle su movimiento (contrariamente al Sí perseguidor) e intentando orientarle de manera que puede actualizarse de otra manera » (idem, p.140); etc.

La primera constatación de importancia que sacamos de la investigación sobre la felicidad es que una mayoría muy clara de gente, en varios países o contextos culturales diferentes, se describen como felices, satisfechos de sus vidas (ver Myers y Diener, Veenhoven, Finkenauer y Baumeister en este número):

Los investigadores han sospechado durante mucho tiempo que las declaraciones relativas a la felicidad podían ser exageradas debido a la voluntad del bien parecer. Sin embargo, tales distorsiones están limitadas y no pueden explicar los resultados constantes relativos a la felicidad declarada en el conjunto de las investigaciones. Es muy difícil evitar la conclusión de que la mayoría de las personas son felices y están satisfechos de sus vidas.

(Finkenauer y Baumeister)

Este dato es interesante y, quizás, un poco inesperado. Merece una reflexión por parte de los psicoterapeutas. Este dato no corresponde a la realidad cotidiana de los terapeutas que intervienen sobre personas que presentan una angustia psicológica significativa. Podemos, en este contexto, cuestionarnos sobre la posibilidad de generalización excesiva fuera del marco terapéutico. Por otra parte, los terapeutas están al corriente de los modos de funcionamiento psicológico, como las deformaciones cognitivas o los mecanismos de defensa y pueden honestamente preguntarse si éstos últimos no intervienen en las respuestas de la gente. El artículo de Finkenauer y Baumeister pone en relieve este último punto de reflexión. Se habla, entre otros, de nociones « ilusiones positivas » y de « optimismo irrealista ».

Sería sorprendente que el alto nivel de felicidad que muestran la mayor parte de las encuestas provenga simplemente del hecho que la gente ha conseguido sus objetivos y aspiraciones. Parece mas bien que, en gran medida, la felicidad provenga de un factor subjetivo potente : una percepción sesgada de la realidad  [] Las personas normales y bien adaptadas recurren a tres tipos de ilusiones :

1. Tienen un concepto positivo exagerado de ellos mismos ;

2. Exageran el control que ejercen sobre sus vidas y sobre el resultado de sus acciones ;

3. Mantienen un optimismo irrealista cuando proyectan lo que les sucederá en el futuro. (Finkenauer y Baumeister)

Lo normal sería, hasta cierto punto (ver también el concepto del « margen óptimo de ilusión » en Finkenauer y Baumeister), ilusionarnos sobre nosotros mismos! Este punto puede parecer divertido a primera vista, pero tomará otra dimensión para el terapeuta interesado en conceptos como el verdadero Sí o el falso Sí. Volveremos a este tema mas adelante..

Para el psicoterapeuta es interesante, en un primer momento, conocer las variables que afectan a la felicidad y, más adelante, aquellas sobre las que él puede intervenir [2] .

Las condiciones sociales básicas

Como es el caso para la salud en el aspecto físico, la felicidad debería ser la condición psicológica habitual (Veenhoven en este número). Por otro lado, es difícil sentir bienestar si estamos enfermos o si vivimos en una sociedad que no responde a ciertas necesidades básicas. Así, la felicidad es mayor en los países más ricos, seguros, libres, igualitarios y tolerantes:

 [] Las personas son infelices cuando viven en condiciones miserables.

[] Las personas disfrutan de su vida cuando sus condiciones son tolerables. (Veenhoven)

En países con condiciones sociales miserables, sería más importante intervenir sobre estas condiciones que favorecer la intervención individual. Por el contrario, una vez las necesidades básicas satisfechas, las variables sociales influyen menos sobre la felicidad:

A partir de numeroso estudios, es posible llegar a la conclusión de que los factores objetivos influyen poco sobre la felicidad, salvo en casos extremos. Estos casos indicarían que las necesidades fundamentales no están satisfechas. (Finkenauer y Baumeister)

Factores objetivos

Variables como la edad (ver matices aportados sobre el tema por Kozma, Stones y Reker en este número), el sexo y la etnia no afectan a la felicidad (Myers y Diener en este número). Por otro lado, la cultura tiene un impacto sobre la definición que hacen las personas de la felicidad (ver Chiasson y Dubé en este número)

Factores demográficos, como el empleo, el status ocupacional, el tiempo libre (ver Argyle en este número), afectan modestamente, pero significativamente a la felicidad (entre 10 % y 15% de la variable). Será posible para el terapeuta intervenir sobre estos últimos factores informando a los clientes de su impacto sobre la felicidad e intentar mejorarlo (ver el estudio de Fordyce en este número).

Las características personales de la gente feliz

Las características personales siguientes han sido asociadas a gente feliz : la autoestima, el dominio de su vida, el optimismo y la extraversión (Myers y Diener, Veenhoven).

No es sorprendente encontrar una asociación entre estas características personales y la felicidad. La cuestión para el terapeuta es la de saber si se puede ayudar a la gente a adquirirlas, y en tal caso, como hacerlo. ¿Es suficiente un programa de educación a la felicidad como el de Fordyce ? Podría constituir una base interesante de intervención sobre grandes grupos. Por otro lado, para muchos terapeutas está muy claro que las personas necesitarían una ayuda mas individualizada, ya sea a causa de la importancia de sus dificultades, ya sea por que ellas desean un nivel de desarrollo personal más importante (ej. : aumentar su autoestima, gestionar mejor su vida).

¿Ver la vida de color rosa?

Una inquietud que puede tener un terapeuta al leer algunos de estos artículos es la de la promoción del optimismo exagerado que no se basa sobre un contacto real consigo mismo. Para ser feliz, ¿hay que sentirse bien continuamente y ver la vida color de rosa ?

Aprendemos que la felicidad no se limita a la ausencia de emociones negativas (Myers y Diener, Veenhoven, Emmons así como Dubé Kairouz y Jodoin en este número) ; no es necesario sentir constantemente emociones positivas para estar satisfecho de su vida.

Podemos estar relativamente satisfechos de la vida en su conjunto, pero ser conscientes sin embargo de las carencias serias que tenemos. De hecho, los dos se derivan de una reflexión sobre la vida. (Veenhoven)

Además, las emociones positivas y negativas tienen una débil correlación entre ellas y son predecidas por variables diferentes (Myers y Diener). Pueden por tanto, coexistir por razones diferentes.

Las emociones negativas tienen una función adaptativa que puede tener un impacto sobre la felicidad:

 [] Hasta cierto punto, la inquietud puede contribuir a la felicidad a largo plazo. Solo a través de la toma de conciencia realista del dolor y del peligro que podemos combatir eficazmente los problemas de la vida. (Veenhoven)

Además, la capacidad de vivir con los aspectos negativos de un compromiso es esencial para su mantenimiento y está significativamente asociada a la felicidad :

El compromiso conlleva también aspectos negativos, esfuerzos, sacrificios, cuando se refiere a la perseverancia necesaria para continuar lo que se había prometido o emprendido, a pesar de las dificultades encontradas, a pesar de las opciones nuevas e interesantes que se presenten. El compromiso requiere la aceptación de las consecuencias negativas como esenciales para la obtención de resultados positivos. (Dubé y al.)

También, una vida satisfecha estaría alimentada de emociones ricas y variadas, placenteras y tristes, más que basarse solamente sobre una experiencia afectiva monolítica :

No es cierto que las personas deseen constantemente momentos de felicidad, que sus vidas están llenas de estos momentos. Queremos sentir todo tipo de emociones que la felicidad no nos hace necesariamente vivir. Queremos experiencias de relaciones intimas con otros, de comprensión profunda de fenómenos naturales, de amor, de emociones artísticas intensas, experiencias muy diferentes a los de los momentos rosas y marcados por la felicidad. Lo que de hecho queremos, es una vida en la que la felicidad aparezca a punto. (Nozick citado por Emmons)

La importancia de las relaciones íntimas

La importancia de las relaciones íntimas es un dato objetivo que aparece muy regularmente en los estudios sobre la felicidad :

[] Una relación intima que implique el apoyo mutuo aparece como uno de los mayores consuelos en la vida. (Myers y Diener)

Mientras que los factores objetivos se asocian débilmente con la felicidad, la calidad de la relación con los demás tiene un impacto considerable sobre el hecho de ser o no feliz. En fin, es posible ser feliz gracias a la presencia de un amigo intimo, de un conjugue o de buenos compañeros, pero la felicidad es poco compatible con el hecho de estar solo en el mundo. (Firikenauer y Baumeister)

Este dato no asombra a los psicoterapeutas. Una parte importante del tiempo de las entrevistas se destina a las relaciones del paciente con los demás. El ser humano es fundamentalmente relacional : no sobreviviría y no tendría una existencia psicológica (representación de sí mismo, identidad,…) sin esta relación con los demás. La mayoría de los modelos teóricos sobre el desarrollo de la personalidad considera el aspecto relacional como fundamental. A partir de las relaciones originales es cuando se forma la estructura de la personalidad (percepción de sí mismo, percepción del otro, y estrategias adaptativas consecuentes), estructura que , en consecuencia, va a actualizarse (o a generalizarse) en otras relaciones significativas.

Si las relaciones intimas satisfechas son necesarias para ser felices, las dificultades en las relaciones pueden, en contrapartida, ser una fuente importante de sufrimiento. Por eso se asocian muy a menudo las depresiones con  las dificultades conyugales .

El ser humano es un animal en busca del sentido de la vida

Si hay un terreno en el que teólogos, filósofos, historiadores, sociólogos, psicólogos y científicos puedan entenderse, éste sería el de la importancia del acceso a la conciencia de su propia existencia en el Hombre (ya sea considerada de origen espiritual o neurofisiológica [3] ).

El sicólogo canadiense François Dumesnil (1993, p. 44) ha escrito:

Esta característica que solo puede reivindicar el hombre, incluso durante su infancia, y que consideramos como una recaída directa de la conquista del pensamiento simbólico es la aptitud para acceder a una construcción psíquica que definimos como una representación de sí mismo, que una vez elaborada  nos hacer pasar del tener al haber y acceder a la condición de animal narcisista.

Quien dice representación de sí mismo dice inevitablemente búsqueda de un sentido [4] . Se puede comprender, a partir de numerosos estudios que aparecen en este número, que algunos objetivos personales ya están determinados por la necesidad de unas condiciones de vida mínimas y por la necesidad de estar relacionado. Sin embargo, contrariamente a la mayoría de las teorías de la personalidad sobre las que se apoyan los psicoterapeutas (importancia de los impulsos sexuales y agresivos, de la búsqueda narcisista, etc.), los estudios sobre la felicidad no están enfocados a identificar contenidos sobre motivaciones fundamentales en los que se apoyarían todos los comportamientos del individuo ; se conforman con observar las diferentes expectativas, motivaciones presentadas por las personas y el papel que éstas juegan respecto a sus objetivos personales, su búsqueda de sentido, sus compromisos, etc.

Cuando se trata de objetivos personales, intenciones, compromisos que se basan en valores, elecciones, intereses, atractivos, una identidad, etc., nos encontramos en el universo de factores subjetivos (ver Emmons, Finkenauer y Baumeister, Dubé y al.):

La búsqueda en este terreno ha demostrado que el hecho de tener objetivos personales y de progresar hacia la realización de estos objetivos está íntimamente ligada al bienestar a largo plazo (…) Los PS (personal strivings) dan sentido a la vida ya que la vida de las personas se va estructurando en torno a lo que ellas intentan obtener. (Emmons)

Los factores subjetivos tienen un impacto sobre ciertos factores objetivos, como el dinero (ver Argyle):

(...) Argyle sugiere que la comparación que las personas hacen no se refiere al dinero que ellas querrían tener en relación con el que tienen, sino al hecho de que querrían tener más dinero que los demás (Finkenauer y Baumeister)

En un ejemplo como éste, la posesión de dinero puede estar motivada por la necesidad que tiene una persona de ser percibida por los demás como más rica que los demás y tiene por tanto un impacto directo sobre la representación de sí mismo.

Darle un sentido a la vida asegura motivación e integración. Además, el significado personal permite tolerar la adversidad, los problemas, las frustraciones en la obtención de un objetivo :

Una vida que tiene sentido se caracteriza por una dirección, una convicción interna y una integridad que sobrepasa la situación corriente. (Emmons)

Por otro lado, aunque el sentido de la vida es una condición necesaria para alcanzar la felicidad, no la asegura. Para esto, será necesaria la posibilidad eventual de vivir afectos positivos ligados al alcance del objetivo:

El sentido de la vida no garantiza un alto nivel afectivo positivo, sin embargo su ausencia engendra tristeza [].

Las personas que reúnen al mismo tiempo el sentido de sus vidas y placer están destinados a tener un bienestar global. (Emmons)

Los diferentes objetivos personales están estructurados idealmente, jerarquizados :

La estructura de los objetivos se refiere al grado de interdependencia que existe entre los elementos que constituyen la jerarquía de los objetivos de una persona. El conflicto entre los objetivos es un potente indicador de disminución del bienestar. (Emmons)

Los terapeutas intervienen regularmente en personas que muestran conflictos entre sus diferentes objetivos (ej. : role de padres frente a role profesional). Es interesante constatar una cierta congruencia entre el punto de vista clínico y la literatura científica entorno a un concepto como es el de la identidad como factor integrador potencial de los diferentes objetivos de la persona :

Esto quiere decir que una organización de nivel superior, como la identidad, puede favorecer un dominio eficaz de los conflictos de una estructura de nivel menos elevado (la estructura de los objetivos). (Emmons)

Los objetivos y valores de orden transcendental y espiritual

No es cierto que muchos terapeutas den importancia a la evaluación de la implicación religiosa o espiritual de la persona que consulta. Sin embargo, la religión aporta a muchos un sentido importante de sus vidas (ver Csikszentmihalyi y Patton, Myers y Diener, Emmons). El siguiente comentario nos lo muestra :

Aproximadamente, 3,5 mil millones de individuos en el mundo consideran que la religión, en cualquiera de sus formas, ejerce una influencia importante en sus vidas. (Emmons)

Es importante saber que los objetivos personales que se basan en valores religiosos o espirituales están fuertemente relacionados con el bienestar subjetivo:

Los PS de tipo espiritual están relacionados a niveles altos de bienestar, en particular al sentido de la vida, a la satisfacción marital y a la satisfacción global. (Emmons)

En esta búsqueda del sentido, el ser humano ha encontrado a menudo la respuesta en la religión, y desde hace siglos. Observamos por otro lado que la caída de la práctica religiosa en algunas sociedades a menudo se ha compensado por otras formas de espiritualidad (ej. : interés acrecentado hacia la espiritualidad oriental en las sociedades occidentales) o por un exceso (ej : algunas sectas).

La necesidad del compromiso

Para ser feliz, es necesario tener objetivos personales, dar un sentido a la vida, pero también es necesario comprometerse. Es lo que nos muestra el excelente artículo de Dubé y al.

Sea cual sea su edad o su generación, las personas con mayor capacidad de compromiso, comparándolas con otras menos capaces de comprometerse se sienten más felices y con menos afectos negativos en el momento presente, dan más sentido a su vida y están más satisfechas de su vida en general y en muchos aspectos particulares.

[] En resumen, existe una relación importante entre la capacidad de compromiso y el nivel de felicidad. Cuánto mas capaz es una persona de comprometerse, más feliz es.

En otras palabras, el compromiso permite la concretización de nuestros objetivos personales en la realidad. El compromiso puede hacerse principalmente hacia una persona (ej. Relación amorosa, amistosa, etc.), un trabajo (ej. : psicólogo, arquitecto, etc.), una causa (ej. : luchar contra la polución, promover el nacionalismo, etc.), una cosa (ej. : comprarse un coche, tener un buen jardín, etc.)

Dubé y al. definen el proceso del compromiso basándolo en la « interacción dinámica de tres fuerzas » :

(a) una fuerza afectiva, el entusiasmo que se siente vis a vis de un objeto social atractivo o valorado (...) que explicaría por qué una persona elige inicialmente este objeto entre muchos otros;

(b) una fuerza comportamental, la perseverancia, que consiste en la persecución de una línea de acción o de pensamiento a pesar de los obstáculos encontrados, de los sacrificios y de los esfuerzos exigidos;

(c) una fuerza cognitiva, la reconciliación de los elementos positivos y negativos asociados al objeto del compromiso, que proviene de la aceptación consciente de los aspectos negativos que son necesarios para poder disfrutar de los aspectos positivos.

Dubé y a!. subrayan además que los puntos de entrada en el proceso dinámico pueden variar. Así, aunque espontáneamente seamos llevados a pensar que el entusiasmo debe preceder a la perseverancia, la inversa también puede suceder : es posible que la perserverancia en un compromiso nos produzca un entusiasmo relacionado con este compromiso. Es interesante resaltar que es un principio similar que se utiliza en el tratamiento cognitivo-comportamental de la depresión severa, es decir la focalización en un primer momento, sobre la reactivación comportamental del individuo que tendrá un impacto sobre el conocimiento y los afectos.

Los filósofos tenían razón

La búsqueda empírica moderna ratifica el predominio de los factores internos (subjetivos) sobre los factores externos (objetivos) en materia de felicidad, acercándose así a las teorías de varios sabios de la historia de la humanidad :

A lo largo de los años, varios sabios han proclamado que la persecución de la felicidad es fútil si se basa en el cambio del mundo exterior, nos han incitado más bien a encontrar la clave de la felicidad en nuestro interior. La búsqueda empírica moderna ratifica esta tesis. La única excepción, parece ser, residiría en las relaciones sociales que mantenemos con los demás, relaciones que crean una diferencia profunda en materia de felicidad. Aparte de esto, la felicidad depende mucho más de las percepciones y de los procesos internos que de las condiciones externas. (Finkenauer y Baumeister)

El predominio de factores subjetivos sobre factores objetivos no es ninguna sorpresa para los psicoterapeutas. De hecho, cualquier estudio cognitivo se basa en este postulado (Beck, 1976): no son los acontecimientos los que determinan las emociones, sino la interpretación que hacemos de ellos

Otro elemento importante a retener, los estudios sobre la felicidad han demostrado que las circunstancias o los acontecimientos exteriores tienen un impacto puntual sobre el bienestar subjetivo, impacto que no resistirá al paso del tiempo. Y esto es verdad incluso si estos acontecimientos tienen un efecto considerable en el momento en que se producen:

Personas que han tenido accidentes graves o a las que les ha tocado la lotería no resultan menos o más felices que los demás, un año después de su accidente o de su golpe de suerte (Brickman, Coates, y JanoffBulman, 1978). (Dubé y al.)

Desgraciadamente para nosotros, « la alegría de la buena suerte desaparece antes que la tristeza causada por alguna desgracia » (Finkenauer y Baumeister). Pero la satisfacción de vivir se basa mas sobre el sistema interpretativo de las personas que sobre acontecimientos puntuales.

REFLEXIONES

Sin duda, los psicoterapeutas ganan al conocer los datos de la investigación sobre la felicidad: aumentar el bienestar subjetivo, la satisfacción de vivir son objetivos que tienes nuestros pacientes cuando acuden a nuestras consultas. Es muy útil, por tanto, conocer los factores identificados en los estudios científicos como contribuyentes a la felicidad.

Por otro lado, la búsqueda empírica sobre la felicidad debe responder, y es normal, a reglas precisas de experimentación. Así, la necesidad de obtener resultados estadísticamente significativos obliga a trabajar con variables cuantificables, medidas a partir de un gran número de temas. Ora bien, varios de los conceptos utilizados por los terapeutas no son fácilmente mensurables. Además, la intervención de psicoterapeutas es muy individualizada; incluso si esta intervención se basa en un modelo conceptual, siempre deberá tener en cuenta el aspecto idiosincrásico de cada paciente. El problema se plantea particularmente con la intervención sobre las estructuras de personalidad. En efecto, cuando es posible seguir un protocolo de intervención fijo para problemas específicos, como la fobia simple, la intervención hacia una personalidad necesitará ajustes constantes (Cousineau, 1997). El problema de la medida de las intervenciones en problemas de personalidad ha sido planteado por Beck y Freeman (1990) en la perspectiva de un estudio cognitivo. La particularidad de la intervención sobre una estructura de personalidad ha obligado a investigadores a desarrollar otros métodos de medida; es el caso del grupo de investigadores de Turkat (Turkat y Maisto, 1985) que han desarrollado el concepto del « single-case experimental design. Aún ahí, terapeutas de orientación analítica o existencial-humanista habrían tenido sus reservas sobre este tipo de método de medida debido al tipo de modelo conceptual sobre el que se basa su estudio. Una cosa es cierta: los terapeutas debes aproximarse lo más posible a la percepción particular de cada paciente y mostrar una empatía hacia ellos. Es en este contexto en el que los comportamientos aparentemente incomprensibles terminan por tener su sentido.

Por tanto, teniendo en cuenta esta especificación del trabajo del psicoterapeuta y de su tipo de experiencia, enunciamos algunas reflexiones [5] suscitadas por la lectura de estos artículos sobre la felicidad

Hemos notado la ausencia casi total de referencias para la importancia de la expresión afectiva, si no es indirectamente por la referencia en el papel determinante de las relaciones intimas sobre el bienestar subjetivo

La filogénesis nos hace heredar un cierto número de respuestas emocionales que se convierten en importantes guías referentes a los que nos atrae o nos disgusta. Está claro que nuestras emociones pueden basarse en deformaciones cognitivas, en esquemas disfuncionales, introyecciones patológicas, pero también son indicaciones de la respuesta o no a nuestras necesidades psicológicas fundamentales como las necesidades de afecto, de comprensión, de estabilidad de figuras significativas, de estructura, de respeto, de elogios y de autonomía. De aquí desemboca la importancia para muchos modelos terapéuticos de la noción de validación de las emocione asociadas a la satisfacción o a la no satisfacción de necesidades fundamentales. El sentimiento de cólera, por ejemplo, nos informa del hecho de que una situación no nos gusta, nos molesta y nos incitará a modificarla. Aparte de una referencia en Myers y Diener al número de artículos escritos sobre la cólera, no hemos encontrado ninguna otra referencia a esta emoción en los artículos sobre la felicidad. Una emoción tan frecuente y fundamental debe jugar un papel en el equilibrio afectivo del individuo y por el mismo hecho tener un impacto sobre su sentimiento de bienestar subjetivo.

Por otro lado cuando una persona no tiene en cuenta sus emociones, éstas se pueden convertir en una fuente de malestar, de tensiones interiores, de síntomas psicosomáticos, etc. Una expresión afectiva sana nos parece necesaria para tener un sentimiento de bienestar auténtico.

Como ya hemos subrayado, por su misma naturaleza (necesidad de significaciones estadísticas entre otros), la investigación debe apoyarse en datos cuantitativos. Por supuesto, esta investigación muestra una ingeniosidad acrecentada, lo que permite el acceso a temas cada vez mas sofisticados. El artículo de Dubé y al. sobre la relación entre compromiso y felicidad es un buen ejemplo. Nos encontramos muy lejos del reduccionismo skineriano donde el comportamiento del ser humano se compara al de una rata de laboratorio (aunque haya que reconocer que la fuerte polarización entre el behaviorismo y el psicoanálisis ha tenido, a largo plazo, un efecto muy beneficioso sobre la evolución de la psicología).

Por su parte, debido a su intervención, los psicoterapeutas se encuentran regularmente en el terreno del análisis cualitativo: importancia de la calidad de la relación terapeuta-paciente demostrada en varias investigaciones sobre las variables no específicas de la psicoterapia, importancia de la evaluación del paciente sobre la calidad de su propia vida (ej. : una persona cuyos índices objetivos deberían llevarle hacia la felicidad, pero que no aprecia su vida).

Detengámonos en esta relación entre cuantitativo y cualitativo (los dos niveles son, para nuestro punto de vista, necesarios y complementarios) para ilustrar mas globalmente nuestra reacción de psicoterapeuta en la lectura de estos artículos sobre la felicidad. Para ello vamos a utilizar el modelo de Dubé y al. sobre el compromiso, modelo que consideramos muy interesante.

Estudio de caso

Para empezar daremos una ilustración, a partir de dos casos, de nuestro nivel de preguntas en relación con la dimensión cualitativa. Nos hemos preguntado de qué manera responderían los dos tipos de personas siguientes a un cuestionario en el que se les pregunta si son felices, si sienten un bienestar subjetivo o si están satisfechas de su vida.

Jean es miembro de una secta religiosa. Siente mucha admiración por el gurú de esta secta; esta admiración le produce entusiasmo (fuerza afectiva. Jean ha dejado su trabajo y a su familia para unirse a la secta. La secta posee una granja en la que él trabaja de sol a sol, seis días a la semana, sin contar el tiempo. Muestra mucha perseverancia (fuerza comportamental). La familia de Jean consigue, a pesar de toda clase de complicaciones, verle y le cuenta sus inquietudes. Jean es implacable en sus argumentos. Explica a su familia que ha hecho el balance de su vida, y que, a pesar de las obligaciones de su nueva vida, evalúa las ventajas considerándolas muy superiores a las desventajas; su vida ahora tiene un sentido, dice. Jean ha reconciliado los elementos positivos y negativos asociados al objeto de su compromiso (fuerza cognitiva).

Nicole se ha casado con Paul. Los dos forman una pareja calificada de « muy tradicional »: Paul ha exigido a Nicole que se quede en casa (ella ocupaba un puesto que le apasionaba y no tenía realmente ganas de dejarlo) para cuidar a los niños. Nicole considera a Paul como un hombre extraordinario, fuera de lo común; la admiración (fuerza afectiva) que siente hacia su marido le lleva a abandonar su trabajo (ella intenta minimizar el impacto) para adoptar su proyecto de vida. Nicole se convierte en la esposa y en la madre ideal (según Paul): ella dedica todo su tiempo (fuerza comportamental) a apoyar la carrera de su marido y a educar a sus cuatro hijos (Paul quería cuatro). Nicole se encuentra con su amiga Julie, que es una persona que valora mucho la autonomía personal. Julie planta cara ante comportamiento de Nicole y, para defenderse, ésta última hace un balance en el que las ventajas están por encima de las desventajas; Nicole reconcilia los elementos positivos y negativos asociados al objeto del compromiso (fuerza cognitiva).

Nuestra hipótesis es que Jean y Nicole, si se convirtieran en sujetos de una profunda investigación sobre la felicidad, responderían honestamente que son felices. Por otro lado, ¿qué le sucedería a Jean si un día el gurú de su secta decidiera que tiene que suicidarse para reencontrar una entidad transcendental cualquiera? (los acontecimientos recientes nos recuerdan que esto no es imposible) ¿Qué le sucedería a Nicole si, un buen día, Paul le anunciara que se ha enamorado de otra mujer? (situación que no es desconocida para los psicoterapeutas)

Como psicoterapeutas, nosotros no vamos a hacer ningún juicio sobre la vida de estas personas. Intervenimos cuando nos lo piden, en general cuando presentan una forma de angustia psicológica. Esto no nos impide sin embargo reflexionar sobre la relación potencial entre ciertas disposiciones de estructura de personalidad de individuos y su predisposición a la felicidad. En este punto nos arriesgamos, siendo siempre conscientes del aspecto reduccionista de tal empresa, clasificar las posiciones de los psicoterapeutas sobre el tema en dos grandes categorías que vamos a ilustrar a partir del ejemplo de Nicole.

Por una parte, algunos terapeutas asocian la felicidad a una buena capacidad de adaptación a nuestro entorno. Este tipo de estudios debe dar a la fuerza mucha importancia a la naturaleza de ese entorno. Así, el riesgo que corre Nicole de encontrarse en un estado de angustia psicológica habría sido mucho menor hace 50 años (en la cultura occidental). Los valores sociales, morales y religiosos de la época habrían marcado y probablemente forzado el mantenimiento de la relación conyugal entre su marido y ella. Paul habría podido rechazar la idea de engañar a Nicole,  lo habría hecho en secreto, etc. Por otro lado, las posibilidades de realización personal de Nicole fuera del papel de esposa y madre habrían sido menores y muy poco alentadoras. Así, Nicole habría podido desempeñar estos roles predeterminados (fuerzas afectiva, comportamental y cognitiva) en un contexto social que habría sostenido este compromiso y que habría intentado sin duda minimizar los inconvenientes. No es necesario insistir sobre el hecho de que los valores han cambiado radicalmente en las sociedades occidentales desde los últimos 50 años y que « adaptarse » hoy necesita unas aptitudes y un repertorio de respuestas muy diferentes.

Por otra parte, la felicidad puede estar asociada, por otros psicoterapeutas, a una realización personal que se basa en  elecciones auténticas. El concepto del Sí real de Masterson (1985) es un ejemplo de este modo de pensamiento. Masterson aporta varias características de lo que sería un Sí real. Algunas serían: la capacidad de identificar sus deseos particulares, únicos, así como la de mostrar una iniciativa autónoma y de afirmación para realizarlos y defenderlos si son atacados; la capacidad de reconocer por si mismo la adaptación a un estado afectivo o a una situación, siendo esta capacidad la base de una estima de sí mismo autogenerada. Si Nicole hubiera desarrollado un Si real, ella habría idealizado menos a Paul y no estaría atada a sus deseos. Además, su propia estima no se habría basado en la aprobación de Paul. Fueran cuales fueran sus elecciones, Nicole las haría libremente: si ella hubiera decidido quedarse en casa con los niños, esta elección habría sido la suya y se haría en un contexto de verdadera reciprocidad con su marido; también habría podido decidir no seguir con Paul, juzgándole como poco respetuoso hacia  ella; habría podido decidir no tener hijos o tener hijos mientras continua con su carrera profesional; habría podido pedir a Paul que compartiera las tareas del hogar… Lo importante aquí no es el tipo de compromiso elegido por Nicole, sino el hecho que se basa en su capacidad de elegir por ella misma, de gestionar su vida según unas necesidades que son realmente las suyas. El compromiso de Nicole se va a basar también en fuerzas afectivas, comportamentales y cognitivas, pero será autodeterminado y autogenerado.

Por tanto podemos pensar que el bienestar subjetivo, la satisfacción de vivir, la felicidad pueden ser obtenidos de maneras diversas, pero que ciertas disposiciones de estructura de personalidad aumentan las posibilidades de adaptación y/o la calidad de esta adaptación.

Los tres factores del compromiso presentados por Dubé y al. pueden estar influidos por varias variables adelantadas por teóricos de la psicoterapia. Así, la fuerza afectiva, el entusiasmo, tiene una cierta relación con el concepto de la idealización del objeto (« si mismo-objeto e « imagen parental idealizada ») de Kohut (1971). Los terapeutas a menudo relacionan el miedo a ser abandonado, la carencia afectiva, la poco estima hacia sí mismos de los pacientes y la intensidad de la idealización de los demás (perciben a los demás como extraordinarios, absolutamente necesarios, irremplazables). En el plano funcional, un cierto grado de idealización del otro genera entusiasmo; en el plano disfuncional,  una idealización excesiva del otro conduce a la dependencia afectiva, a la servidumbre, etc.

Por otra parte, si la fuerza comportamental, la perseverancia, está al servicio de las necesidades fundamentales del individuo, ésta es testigo de una estructura de personalidad bien adaptada (ver el concepto del Sí real en Masterson, 1985). Si, por el contrario, un individuo es incapaz de ser perseverante (aplazamiento constante de tareas importantes) o, si aún, muestra una perseverancia exagerada (esquema exigencias elevadas de Young en Cousineau, 1995; sí impuesto/si perseguidor en Dumesnil. 1993) en detrimento de otros aspectos de su vida, como la calidad de las relaciones personales, es que tiene problemas a nivel de la organización de su personalidad (ej. : incorporación demasiado masiva de exigencias parentales desmesuradas o rebelión compulsiva contra estas mismas exigencias).

Finalmente, las deformaciones cognitivas y los mecanismos de defensa pueden tener un impacto considerable sobre la dimensión cognitiva del compromiso. Las necesidades afectivas de un individuo pueden conducirle a evaluar los elementos asociados a un compromiso de una manera que no es realista u objetiva. Puede minimizar los inconvenientes y sobrestimar las ventajas. Así la carencia afectiva de Jean le hace minimizar los aspectos inquietantes del comportamiento del gurú de su secta, mientras que la ansiedad de abandono de Nicole le lleva a la idealización que hace de Paul y a su negativa de los indicios que dejan entrever la disminución de su inversión afectiva.

El terapeuta que interviene en personas que sufren una idealización excesiva, incapacidad de perseverancia, exigencias personales desmesuradas (demasiada perseverancia en detrimento de otros valores) o deformaciones cognitivas ayudará a modificar estos estilos de adaptaciones disfuncionales. Es una función importante de la psicoterapia.

Estos ejemplos nos hacen ver cómo conceptos que salen de los estudios y los que provienen de grandes corrientes de la psicoterapia pueden influirse y enriquecerse mutuamente.

Para concluir, este número temático sobre la felicidad aporta sin duda conocimientos y materias de reflexión a los psicoterapeutas que tienen la costumbre de conceptualizar el funcionamiento del ser humano a partir de sus dificultades más que a partir del bienestar. Nuestras reflexiones han querido demostrar o ilustrar que la gran tradición de la psicoterapia, la que está fundada en resultados de investigaciones y la que se basa más bien en una validación clínica, tiene también una « sabiduría » que ofrecer a la investigación científica sobre la felicidad.

Referencias

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[1] Fax: (514) 385-6596 ; Correo electrónico: pierre.cousineau@sympatico.ca

[2] Recordemos que la perspectiva del autor de este artículo es voluntariamente subjetiva. No se trataría aquí de evaluar o de comparar el valor o la importancia objetiva de estos artículos distintos sobre la felicidad (no es un palmarés), sino de subrayar lo que ha retenido su punto de vista de psicoterapeuta.

[3] Ver el interesante diálogo padre/hijo sobre el tema en Revel, J-F. et Ricard, M. (1997). El monje y el filósofo. Paris : Nil.

[4] Para fines de simplificación, vamos a asociar en este artículo la búsqueda de un sentido y los objetivos personales. Según los hechos, la relación entre los dos conceptos es mucho mas compleja. La búsqueda de un sentido hace siempre referencia a la dimension narcisista del individuo (la representación de si mismo y los afectos positivos y/o negativos que se le asocian), mientras que el concepto de los objetivos personales es mucho mas amplio y no implica necesariamente la dimensión narcisista.

[5] Somos totalmente conscientes de que dada la gran diversidad de estudios en psicoterapia, el punto de vista presente no puede ser considerado como representativo del punto de vista de los psicoterapeutas en general. Recordamos que el subtítulo del artículo es el punto de vista de un psicoterapueta